martes, septiembre 13, 2022

 Llegó una perra al centrito comercial de San Miguel. Estaba en los huesos. Le di de comer. Al día siguiente volvió, pero ahora ya había más locatarios. La perra les molestó. Al rato andaba ahí, alejándola con escobas. Yo me pregunto a veces, o muchas veces, por la educación sentimental que tenemos con los perros de la calle. ¿Es tan difícil, realmente tan difícil apiadarse de un pobre perro o perra que está en los huesos? Esa gente, que no se apiada de los animales, ¿dónde tiene el corazón? ¿En qué parte de su indolencia encuentran espacio para el abandono? Por otro lado, sé que es una responsabilidad, al menos una que por el momento yo no puedo tener. Al menos le seguiré dando de comer.

lunes, septiembre 12, 2022

 A partir de la polémica de una edición reciente, en el que unas autoras acusaban a las antologadoras de maltratos (cosa que luego quedó en entredicho), me he estado cuestionando la responsabilidad que hay en las instituciones públicas por realmente abrir la baraja para que sea realmente representativa su apuesta por un amplio sector de autores y autoras y no caer bajo la presión de las editoriales comerciales o las independientes con peso en el sector para que apoyen a sus autores. Es decir, estas editoriales no solo dominan el mercado, sino que también inciden en las políticas públicas al "sugerir" su propia agenda con el dinero público. Es un tema complicado, ya que por un lado, estoy seguro que en las ferias de libros del país, los organizadores quieren (queremos), tener a los escritores que suenan, los que consideramos tienen una presencia entre los lectores (que a su vez tienen mucha prensa pagada por las editoriales que nos hacen creer en sus apuestas) pero también por el otro, no podemos olvidar que acaso nuestra función es más de formación de públicos que de otra cosa. El otro día un joven autor me solicitó ser invitado a la feria que organizo, y debo decir que sí lo consideré, pero también pensé en qué tanto era conocido. Mal punto para mí, claro. También hay que decirlo: es difícil estar al tanto de todo lo que ocurre en el país, en materia de nuevos autores, nuevas editoriales, etcétera, por eso a veces caemos en lo más cercano o lo que más suena; pero creo que deberíamos hacer un esfuerzo por mirar más allá de los que viene con una fuerte campaña de mercadotecnia. Porque a esto, también, hay que sumarle los destrozos: es decir, la cantidad de autores y autoras que lo hacen difícil, que piden honorarios desproporcionados, vuelos inesperados, maletas extras, asientos de tal o cual clase, que se enojan si no se les dan itinerarios a modo (cuando las aerolíneas en este país están decididas a entorpecer la experiencia de volar). Creo que si contáramos los desplantes que se viven en la organización de las ferias, nadie nos creería que tal o cual autor, que es tan sencillo y hospitalario, pues no lo es en realidad. Y estos desplantes, por lo general ocurren en las ferias que están en proceso de crecer, donde los organizadores aun no han tomado todo el control de su propia agenda. En fin. Ojalá esto lo leyeran organizadores de ferias de libros, otros colegas, y tomáramos de una vez por todas ser más democráticos, más rotativos, mirar más allá de las editoriales que nos quieren encandilar con su perfección y apuesta literaria o comercial. Creo que hasta podríamos trabajar con autores más agradecidos (aunque hay de todo tipo y recuerdo cómo un colega batalló tanto con una autora poco conocida, pero demasiado exigente). Claro, del otro lado, estoy seguro que también cometemos errores: se nos olvidan traslados, a veces los hoteles no son lo mejor, pero creo que si ambos institución e invitados se ponen las pilas para ofrecer lo mejor que tienen, las cosas deberían funcionar mejor. Pues por más autores en Ferias del Libro, por trabajar con menos desplantes también.

sábado, septiembre 10, 2022

 El otro día recibí un comentario muy interesante tras un post que escribí en mis redes sociales. Era un post hasta cierto punto bastante inocente sobre mi experiencia como habitante de la ciudad de México y, de volver a conectarme con la ciudad en un viaje express. Pero... sí, hay un pero, era un post en el que se dejaba ver de fondo mi pertenencia, al menos hasta ahora, al medio literario mexicano, mi asistencia a Ferias del libro, ya sea por invitación o por trabajo. Quien me escribió es una maestra, una de mis primeras grandes maestras de la facultad y sus palabras me dejaron algo perplejo, pero al mismo tiempo me causaron tristeza. En ellas, la maestra hablaba sobre que no exhibiera ante los demás mis paseos, mis visitas a las ciudades, a las ferias, y que más bien debería preocuparme por generar un programa o proyecto para que todos los autores de Nuevo León también viajaran y fueran invitados a las ferias. Menudo problema. Menudo problema por varias cosas: no existe ninguna instancia pública que pueda lograr eso. Es más, ni siquiera hay tantos espacios en otras ferias, que también tienen que darle sitio a sus escritores y escritoras. Además, no siempre hay el dinero para que logre llegar a todos. Una más: el medio literario mexicano se maneja por afinidades. Lo que la gente dice con enojo, que "la mafia literaria controla todo", es el fondo, genuinas redes de afinidades en donde, quienes las dirigen, asumo que quieren ser amplios, pero tampoco alcanza la vida para ver lo que todos hacen. Ejemplos en carne propia, hay muchos: una temporada fui muy asiduo a San Luis Potosí: me invitaban a ferias, impartía talleres, visitaba colegios. Por supuesto, intentaba ganarme esas visitas. Luego, cambió la gente que tomaba las decisiones y no he vuelto a parar un pie en ese estado por cuestiones laborales. Ocurre en todos lados. Justo esta semana, una periodista de Querétaro se quejaba de las pocas opciones que el Hay Festival da a los periodistas locales para cubrir a sus invitados. Pues lo mismo. Redes de afinidades. El mismo Hay es un ejemplo de ello: cuando miramos la nómina de autores invitados no es difícil distinguir a los de siempre. ¿Está mal? No, es su festival, es la gente con la que a lo largo de los años han trabajado, ya saben lo que van a recibir e incluso, se llama tradición, esperan recibir lo mismo. Claro, añaden algunos nuevos, quitan a otros, pero estoy seguro que hay una gran franja de escritores mexicanos que ni saben que existen ni invitarán. Entonces, así es la vida. Vas a donde el rumor de tu trabajo llegue. Vas a donde a alguien le parezca valioso lo que haces, sin menoscabo del valor propio de cada obra. Y es un bien no renovable. Dura poco. A veces tienes la habilidad de extenderlo. No siempre es así. Es un mundo injusto, siempre. Yo ahora viajo mucho, pero un día tal vez, escriba un post en el muro de un joven escritor quejándome porque a mí, tampoco, ya nadie me invita a las ferias del libro. Y entonces, tal vez entonces, sabré que estoy en otros días de mi vida; y que esos días tal vez deban vivirse como todos, trabajando, pero con la certeza, de que tal vez las invitaciones ya no vendrán.

viernes, septiembre 09, 2022

Impostores


He estado leyendo mucho más estos meses, entre Patria de Aramburu, Blanco nocturno de Piglia y En el nombre de la rosa, de Eco. Así, he saltado de la región Vasca, a las montañas heladas de las cordilleras francesas y la pampa argentina. Estos días, charlando con un amigo, tras compartirme un video de un tipo destrozando la primera frase de El código da Vinci y, utilizándola para denostar el resto de la novela, me decía a este amigo que en el fondo, no hay una estructura de lo que debe tener una novela para ser buena. Algunos dirán que entretener, otros que mostrar la realidad, unos más, que hacer arte. ¿En realidad importa? La novela debe ser fiel al propósito del autor. Sé que digo una tontería, pero ninguna puede tenerlo todo. Cada quien apuesta por algo, aunque deje volando otras cosas. 

Luego, el sábado, mientras charlaba con Guillermo Espinosa y con Lanzagorta, (he olvidado su apelativo), decía este último, tras decir Memo que la novela de Eco le había gustado, que no conocía a medievalista que dijera que En el nombre de la rosa fuera una mala novela. Sí, es una historia casi discursiva, se habla más de lo que se hace, aunque claro que las acciones son puntuales. Pero, mientras avanzas por las páginas, queda claro que es una novela de erudición. Eco hace la manga ancha para hablar del mundo de los transcriptores y las bibliotecas medievales, de las diferencias entre las congregaciones cristianas, de los conceptos de fe y divinidad. En algún momento, también, nos llevará a una revelación, aunque asumo que aún no llego a esa parte. Lo mismo sucede con Blanco nocturno de Piglia, con la dolorosa amistad de Bittori  y Miren. Miren que, escribir casi 600 páginas que tiene como verdadero trasfondo, hablar de la amistad, no cualquiera. Así que, todo esto, para decir que no existe modelo de escritura de novela. Existe la mirada personal. No podemos destruir una novela por una frase. Quien lo haga, es un impostor. 

miércoles, septiembre 07, 2022


La rueca

Hoy pensaba en los blogs y, al postear algo en mis redes sociales, el buen Omar Delgado me pasó este link que, de ninguna otra manera hubiera encontrado. Creo que, la escritura en este tipo de plataforma no solo es liberadora, sino que ahora entiendo que, al irme de ella para buscar sitios con mayor interfaz, provocó en mí algo de infelicidad. Dejé de escribir porque pensaba que, lo demasiado personal, quedaba expuesto. Anduve entonces, en otros sitios y no funcionó. Creo que me gusta más esta posibilidad del contenido: sobrio, sin tanta imagen. Alguna vez leí El libro de la negación de Ricardo Chávez Castañeda, con unas ilustraciones maravillosas de Alejandro Magallanes. Realmente lo eran, pero, en cierto momento, me fastidiaron. Me empezaron a ocultar el texto, así que decidí pasar olímpicamente de ellas y solo leí, leí sin ver. Ya luego volví a ver las imágenes. Todo esto para decir, que tal vez, soy a la antigua formación del renglón seguido. A ver qué sigue por aquí. 

miércoles, septiembre 05, 2018

Colecciones

He estado coleccionado, a lo largo de mi vida, varias cosas a las que les pongo mucho interés y después abandono como si nunca hubieran estado relacionadas en algo conmigo.  Recuerdo que a cierta edad coleccionaba fichas de refrescos que después alineaba como si fueran pelotones o soldados a punto de entrar en el combate. Lo que más me agradaba de esa colección era la búsqueda de las fichas. Me iba de tienda en tienda, merodeaba afuera de las cantinas cercanas a la casa porque siempre había corcholatas, o taparoscas, como le quieran llamar, o tapón corona, si quieren usar el nombre más correcto. A veces las dejaba flotar como embarcaciones a la deriva dentro de una tinaja de acero llena de agua. Yo era muy feliz con esas corcholatas que a veces raspaba contra el suelo para quitarle la pintura y tener algunas de color natural, como les decía. No sé qué hice con aquellas corcholatas, dónde las abandoné, pero un día dejaron de interesarme. 
Lo siguiente que coleccioné fueron estampas de futbolistas; pero tampoco fui muy dedicado a ello porque en casa, mi espacio, el espacio propio, era uno demasiado compartido; así que no existía un sitio en el cuál pudiera dejar mis cosas, cosas sólo de mi pertenencia, para mi gusto personal. Intenté coleccionar plumas bellas -hoy que una ha perdido su tinta lo recuerdo-. Y cuando me volví lector empecé a coleccionar libros; pero tengo algo con ellos; primero es un deseo inexplicable de llevármelos a casa, de imaginar la lectura de los mismos, de esperar sorprenderme por ellos; y cuando eso ocurre o no ocurre, los abandono. No soy de relecturas. Con mucha facilidad he vendido demasiados. 
Mi siguiente colección fue de máscaras. Debo de tener más de 30, pero están todas guardadas porque en casa, mi casa de adulto, de hombre de familia, de casado, pues, no tiene un sitio para ellas. Así que las tengo, pero ignoro todo de ellas. Al igual que con las corcholatas, con qué emoción las compraba en distintos pueblos de Michoacán, Oaxaca, Chiapas o Veracruz. La más extraña de ellas viene de África. La veo mientras escribo. Está en uno de los anaqueles del librero. Tenía una tez blanca que una señora que nos ayudaba con la limpieza terminó limpiando al creer que era un polvo. Aquí la veo con su frente color madera bruñida, con su frente morena natural. 
Y pienso esto porque he ido reuniéndome de objetos que alguien tirará a la basura cuando muera: unos danzantes nicaraguenses que traje de mi viaje a ese país centroamericano; unos pequeños muñecos de papel con forma de mamíferes pequeños que semejan una banda regional, muñecos de FUNKO que algún día espero vender; y algunos juegos en mi celular, pero esos mueren pronto: se los lleva siempre el nuevo modelo sin importar cuánto he gastado en ellos. 
Finalmente, creo que lo que más colecciono son lecturas, historias, hechos que puedo configurar a mi gusto, voces de narradores que se intercalan con mi voz propia. Escenas que después puedo recuperar una tarde cualquiera, porque para eso sirve leer; para llenarte de imágenes que no sabes en qué momento asediarás para convertir en otra cosa. Dicen que leer puebla el mundo; pero yo lo entiendo así, de las muchas maneras que se puede entender la frase: al leer te llenas de espacios y paisajes, de voces y de sentencias que, al encontrar un eco en la realidad, se magnifican. Puedo ir por la carretera a Monclova y recordar algunos párrafos de Cormac MaCarty; y algunos poemas de Boone que hablan de ese espacio, y ciertas películas y otros viajes que he hecho por ese mismo camino; en particular uno: estoy muy joven y voy mi tío Lalo a Monclova, donde él vive. Su hija Ana está muy pequeña, casi recién nacida: la camioneta que conduce mi tío es muy cómoda, sus asientos quiero decir; pero además el motor ronronea con suavidad. Y yo veo las montañas de esa zona por primera vez y me sorprende: hace frío, me siento en una aventura. Mi tío habla de futbol, porque le gusta. Nos detenemos a comer en un restaurante y todo es, hasta cierto punto, perfecto: la vida no tiene prisa, no tenemos que llegar pronto a Monclova. La camioneta es nueva. Las montañas viejas pero al verlas por primera vez es como si recién hubieran tumbado esas rocas al lado del camino para vestirlo. 
Colecciono pasajes, juegos, libros porque es imposible no tener una red de conexiones a mí mismo.

sábado, septiembre 01, 2018

Lo más complicado, al inicio, es comprar un libro porque, ¿quién compra un libro? Aunque sobre categorías de compradores de libros podemos hablar largo y tendido, no va hacia allá este post; sino que está más enfocado en mis hallazgos de libros esta semana que me di vuelo comprando algunos ejemplares raros en mi visita express a la Ciudad de México. Compramos libros porque solemos asociarlos con otros que ya han pasado por nuestras vidas o con los acervos que otras personas nos han confiado desde la timidez de compartir una lectura que los entusiasma hasta la inesperada acción de regalar alguno. 
Hace años, cuando estuve en la Fundación para las Letras Mexicanas conocí a Rubén Bonifaz Nuño. En una entrada de este viejo blog subí que me enterneció verlo llegar en un vocho verde, a diferencia de otros escritores con su trayectoria que llegaban en coches último modelo -no crean eso de que todos los escritores pasan hambre, algunos logran muy bien jugar las reglas del juego de la vida literaria y conseguir lo que otros no-. Yo tenía, desde hacía muchos años este blog con un texto de él como bienvenida, que sigue aquí arriba.
Por lo mismo, uno de los libros que compré fue un verdadero hallazgo: una primera edición, firmada en 1957 de Los demonios y los días, de la colección Tezontle del FCE. El precio era lo de menos; pero apenas lo vi entre un montón de libros de primeras ediciones o más recientes supe que debía tenerlo. Así que lo compré sin chistar y aproveché que el mismo vendedor me ofreció un descuento sin yo solicitarlo. Uno de los poemas que viene en ese libro está además, escrito para este día que intento ponerme al día conmigo mismo en este blog, olvidado hace ya nueve años:

Estoy escribiendo para que todos
puedan conocer mi domicilio,
por si alguno quiere contestarme.

Escribo mi carta para decirles
que esto es lo que pasa: estamos enfermos
del tiempo, del aire mismo.

También compré, en el remate de libros de Ediciones Era, una novela de Miguel Tapia y de Vanesa Garnica. Por la noche vi a Parra y me dijo que ambos libros le habían gustado, tal vez más el de Tapia. Empecé a leer el de Vanesa en el avión de regreso a Monterrey. Una mujer y su hermano regresan a una vieja casona familiar en Pátzcuaro con el fin de limpiarla para después venderla. Me quedé justo ahí; porque ya veníamos aterrizando y también me estaba durmiendo. 
El día anterior había ido al remate, también de libros, del FCE en la Librería Rosario Castellanos y me hice de dos libros para Orfa: uno de puntos para hacer Amigorubis y una breve semblanza con la historia de los colores. Por la mañana había comprando una novela gráfica japonesa: La mujer de al lado, de Yoshiharu Tsuge que leí hoy sábado, rápidamente, mientras intento soportar el calor regiomontano. Los trazos son escuetos, con muchas sombras, pero firmes. Las historias son alucinantes porque dicen muchas cosas de las que me gustaría escribir: la vida de las periferias, las confusas relaciones humanas, el sexo como uno de los motores de la mediocridad y la exploración y la posesión. 
De las seis historias que componen el libro me agradó más Paisaje de vecindario, un brevísimo relato corto ilustrado de un dibujante que visita una vieja colonia que pronto se llevará la lluvia. Y de ahí, específicamente, una descripción del gusto por los sitios deshabitados, del autor japonés Motohiro Kajii: "No sé por qué, pero en aquella época sentía una atracción por las cosas pobres y bellas". Uno de los ancianos que viven ahí tiene un pez que guarda como un tesoro. Cuando la lluvia llega y se lleva las casas, los ancianos se marchan. El personaje principal, el dibujante, regresa y encuentra, en una cisterna natural, al pez, que ahí se ha escondido. Ahí termina la historia.
Compré otros libros, pero luego hablaré de ellos. Es bueno volver a casa, aunque ya no sea el que escribió esto.


martes, octubre 27, 2009

Los invito al Chat de El Universal, este jueves 29 a las 2:00 de la tarde. El tema será la novela de aventuras de Ixel.

¡Ahí nos vemos!

lunes, octubre 26, 2009

La búsqueda del anonimato

Es una falacia. Nadie quiere no ser visto. No ser escuchado. No ser leído. Todos buscamos en mayor medida esa mirada que se da desde el otro, ese voyeurismo que proporcionamos, que ofrecemos, ese espectáculo que somos a propósito o sin intención aparente. Eso es a propósito de la desesperación que veo en muchos por ser reconocidos. Claro, yo también quiero serlo, pero ¿qué estás dispuesto a pagar por esos segundos de murmuración? A la historia no pasaremos. Si miramos un poco bien, somos esas migajas que caen de la mesa, mijagas burdas y vacías, aunque nuestra vida nos parezca exitosa, aunque veamos enemigos a diestra y siniestra, perfiles del éxito que nos opacan. ¿Alguien se acordará de ti a los cinco años que mueran? Nos decía Francisco Prieto hace días sobre un escritor muy bueno, muy famoso en vida, que murió lamentablemente en un accidente de auto. Un tal Ferrer. Se había ganado todos los premios. Era invitado a mesas de lectura. Tenía ascendencia. Ahora nadie sabe ni quien es, se queja Francisco. Y yo pienso entonces en una frase de Marco Aurelio, el gran Marco Aurelio victimizado en Gladiador por un Joaquin Phoenix colérico y ansioso, una frase rapaz que dice, no literalmente: "¿Cuánta gente famosa ha sido alabada y cuantos, de quienes los alababan, también han desaparecido?" Lamentablemente no volveremos a los libros firmados por Anónimo. Tal vez así podríamos hacer algo mejor. O tal vez algo peor. Pero una cosa está dicha es este siglo: nos acercamos a los ídolos de carne y hueso. A los que esnifan, cagan y odian y su mancha no permanece.

lunes, octubre 12, 2009

Algo por la muerte del mayor Sabines

Hace mucho una amiga me mintió. No era ni será la primera vez. Me mintió diciéndome que tenía una enfermedad terminal, sida. ¿Qué hace uno cuando le dan esta noticia, alguien que uno considera cercana? Pues apoyarla, animarla, en suma, seguir el cause normal de la relación. Luego me dijo que ella quería un autógrafo de Sabines. Sabines iría ese fin de semana a la Fería del libro de Monterrey, que tendría acaso, su séptima edición. Ella no podía ir porque ese día le iba a limpiar la sangre y eso la dejaba muy agotada. Así que, con libro del chiapaneco en mano, me lancé a la feria. Primero fui al recital que ofreció en el teatro Luis Elizondo y después me lancé a la feria. En la fila había demasiadas personas, pero me tocó estar junto a una poeta, Elizabeth, recuerdo que se llama. Hablamos mucho rato, de libros, de que ella escribía, de que yo apenas empezaba a escribir. Le dije que conocía al Eduardo y ella me dijo que él era un gran escritor y representante de los escritores del estado, en fin. Así nos dieron las horas. Cuando finalmente llegué con Sabines le entregué el libro y le dije: para X y le conté brevemente por qué era para ella. Sabines escribió, para X, porque su amigo hizo fila por ella. Cuando le di el libro le pregunté cómo seguía y la cínica dijo: ¿de qué? Luego me enteré de la mentira, que había heredado no sé qué más, me enteré que ella le mentía a todo mundo. Dijo que sus padres habían muerto, había semanas que se hacía la española y seseaba con singular maestría. Siguió mintiendo y quien sabe si aún lo haga con aquella velocidad. Sus mentiras siempre terminaban en estadios vergonzosos. Una tarde, cuando enfrente de todos le dije que para qué se enojaba con una maestra que la había regañado por sesear, si ella sabía que ni era española ni nada, simplemente dejó de hablarme. Hizo un tremendo coraje y no volví a saber de ella sino un año más tarde. Me la encontré en las jardineras, esas jardineras que ya no existen en FFyL le pregunté cómo estaba. Me dijo que bien. Luego le dije que cómo seguía de su enfermedad y me dijo muy feliz que se había curado (sí, se había curado del sida). Muy sorprendido le pregunté que cómo. Con unas hierbas, me dijo, un brujo me las dio. Pero oye, insistí, eres la primer persona en el mundo que se cura del sida, debes de avisarle a todo mundo, que te revisen o que vayan con el brujo o no sé qué más. Ella me dijo que simplemente, quería privacidad para su vida. Como dije antes, ya todo mundo sabíamos que ella mentía, mentía por enfermedad, por alteración, por evasión, etcétera. Ella era un cuento en carne vida. Ella era un escritor con una máquina de escribir u hoja en blanco a la n potencia. Cada mentira era una historia y cada historia una verdad aunque en el fondo se escondiera, terrible, otra forma de la miseria humana que todos tenemos a flor de piel.

viernes, octubre 09, 2009

Eventos en FIL de Monterrey


Eventos en la FIL de Monterrey
Jueves 15 10: 00 am. Pabellón Unesco, presentación de El Norteño Mágico, con niños de escuelas de la ciudad.
Viernes 16:
10:00 am. Pabellón Unesco, presentación de El Norteño Mágico, con niños de escuelas de la ciudad.
13:30 pm. presentación de Línea y Trazo Vol. 1, sala 104, con Carolina Farías, Oscar Carreño, Chava Flores, Joaquin Hurtado, Eduardo Parra.
4:30 pm. Salón 101, presentación de El Norteño Mágico, con Julieta Colás, la ilustradora.
7:00 pm, Salón 102, presentación de Un Mil Máscaras, dentro de la serie de Regia Cartonera
Sábado 17, con Nervinson y Laura.
5:30, salón 104, presentación de La nuez vana, de Jorge Rodríguez coedición Editorial Jus y la UANL, Jorge y Felipe Montes.

lunes, octubre 05, 2009

De estreno

Dos amigos me acaban de enviar sus páginas o blogs.

Caro, quien labora desde hace una temporada en la Capilla Alfonsina de Monterrey, me envía el link de la estupenda biblioteca de la UANL. Todos los estudiantes de la UANL tenemos nuestras historias en los sillones de esa biblioteca y Reyes sin darse cuenta. Aquí el link.
El dramaturgo, Hugo Alfredo Hinojosa, también, estos días, inauguró blog. A ver cuánto dura con él, jeje. Crítica de teatro, reseña de filosofía y más podrán encontrar en su página electrónica.