jueves, agosto 03, 2006

Dinero fácil /Entrevista con Alfonso Nava

Cuando entró a la Fundación no usaba barba pero a los meses se la dejó crecer. Fue tallerista durante un largo tiempo con la escritora Beatriz Espejo y al finalizar las sesiones de tallereo se iba a tomar un café con sus compañeros en las islas, el inmenso patio sin dueño de la UNAM. Sin embargo, no fue eso lo que trajo a Alfonso Nava a la FLM, aunque influyó, sin duda. Su boleto de entrada a la casa porfiriana de Liverpool 16 fue el proyecto sobre un viejo oficial de la CIA, agente a favor del macakartismo: un oscuro y gris personaje llamado Fogerthy.

Empezando con Beatriz

“El taller de Beatriz Espejo, en la facultad de Filosofía y Letras ha sido mi única experiencia literaria. Fue ya con gente que estaba tomando muy en serio la onda de la literatura. Lo enriquecedor de ese taller, aparte de que Beatriz me parece una espléndida tallerista, fue por la gente que estaba ahí, las conversaciones y encuentros, de ahí aprendí bastante,” dice Alfonso Nava y le da una fumada a su cigarro. Trae puesta una camiseta con la leyenda “Asalto poético” y antes de contestar a cada pregunta toma un aire serio que se disuelve con una sonrisa, en la manera de dar sus respuestas. La mayor parte de la charla se centra en la narración del cuento con el que obtuvo el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo. El cuento se llama “Perros”. Aparecen en él, un par de escritores extranjeros que se viven peleando, uno parecido a Faulkner y otro a Hemingway. El seudónimo que utilizó fue Ziggynsame. Sin embargo, antes de obtener ese galardón, como para muchos, no había sido fácil para Alfonso dedicarse a la escritura. “Me han dado bastante duro. Donde sí me considero nuevo, es el trato con escritores que de alguna manera son profesionales, que tienen más conocimientos de la vida literaria, del ambiente literario, que conocen escritores famosos. Eso es lo nuevo para mí, pero la onda del taller, de los golpes, de la convivencia, eso no es nuevo. Lo que si, es que el nivel de discusión lo siento más elevado, mas especializado. El taller acá es más especializado.”

Escribir una novela

“Sí, un chingo”, contesta Alfonso cuando le pregunto que si le gusta escribir. “A mí me emociona escribir, pero nunca he tenido la sensación de que pueda ser interesante. Cuando me preguntan qué escribo yo digo: cosas. Escribo de temas que a mí me apasionan. Trato de alejar mi experiencia literaria, a la experiencia personal. Los personajes tienen muchos guiños de lo que me gusta: el béisbol, de música. Ninguno de mis cuentos es un episodio autobiográfico o tiene que ver conmigo. Hay imágenes, cosas que ves, que guardas y luego notas que hay una conexión con otra cosa.”
Parte de estas zonas sin conexión es un perfil que aparece en la obra, una burla a los medios literarios. Aparecen en su novela distintos tipos de escritores: todos ridiculizables. Todos un marco, una forma de cómo todos los escritores pueden ser ridículos. Como dice él, estos personajes nacen de un guiño. “Recuerdo mucho en una borrachera, me acuerdo que había muchos poetas y estaban hablando de cómo está la situación literaria en cuanto a grupos. Yo no sabía. Estaba más concentrado en escribir. No estaba muy consciente. Tenía una leve impresión de que había algunos manejos. Yo ya había leído Los detectives salvajes, donde hay un nivel de crítica a los manejos culturales. Y me dijeron que yo era un provinciano viviendo en el D.F. Y lo metí porque luego me pareció muy divertido ciertos esfuerzos de escritores por estar ahí, que rebasa lo literario. Mis ganas de ser escritor es tener dinero fácil. ¿Dinero fácil?, me dicen, es bien difícil. Es dinero fácil porque el esfuerzo no es tanto, vete de obrero, ese dinero te lo ganas cansado. Acá escribes unas horas pero no requiere un esfuerzo como el que hace un obrero o una señora que vende quesadillas. Dinero fácil porque yo soy un holgazán que prefiere estar junto a una computadora que cargar un bulto. Yo estaba concentrado en Fogerty. Es un personaje que yo conocí, alguien que tomó un entrenamiento. Y de ahí surgió Fogerthy.

Hablar con Fogerthy

Para Alfonso, Fogerthy, su viejo agente de la CIA es un personaje entrañable. Es un tipo humano cuyo trabajo es maquinal, que hace su trabajo porque es trabajo. Hay una especie de programación en él. Aunque es un tipo duro, Alfonso tiene pensando darle un poco de arrepentimiento aunque él no deje de salir de su programación, de su entrenamiento, de contener sus sentimientos. Este agente se esconde en México, de ahí parte la novela y poco a poco, gracias a tres escritores, saldrá a flote su vida como agente y su arrepentimiento de algunos de sus hechos como agente; ahora sólo un viejo en un edificio. Alfonso habla a veces con Fogerthy pero nunca platican de la novela. Son sólo dos hombres: uno viejo que vive en la ciudad de México y uno joven que ni escritor se considera a veces. Hablan de béisbol. ¿Y a quién le va Fogerthye?, le pregunto. Alfonso me contesta con toda la tranquilidad y dice: “No le va a nadie. Es neoyorquino pero odia a los yanquis y bueno, también es raro que un neoyorquino le vaya a los Mets, son contaditos. Estoy seguro que le gustó la serie mundial del 2004 y eso puede hacer que le vaya a las Medias Rojas, además le gusta mucho como juega Many Ramírez.”


FLM

¿Cómo te cambió la vida la flm? ¿Hay uno antes y un después?
No sé, si como escritor, en cuestión de crecimiento, sí, por el nivel de la tutoría, de las charlas. No me he puesto a pensar mucho en eso. Si ha cambiado es en cuestión de los amigos que me llevo de acá. Conozco gente entrañable con la que quisiera seguir teniendo contacto toda la vida. Y por la lana. Porque me convertí en un consumidor tremendo y luego pienso en qué lo gasto y veo que no tengo nada. Como escritor me sirve mucho la tutoría y me siento cada vez más preparado y es un sentimiento encontrado. Porque es un poco el sentimiento de no estar preparado para no ser escritor. Veo que aquí hay gente consumado y yo vengo a aprender, a formarme un poco y a veces pienso que no estoy listo.”
“Siento que me faltó crecimiento para recibir la beca en plenitud. Veo a unos que ya están formados, a otros que de plano, no. Si la beca es de formación, este es mi lugar, pero como hay muchos consumados, pienso que todavía estoy en pañales. Veo mis cuentos en comparación con mi novela y me gustan más los cuentos. Quizás vaya a ser un escritor de esos que sólo escribe cuentos.

Eso es todo lo que dice Alfonso y la noche ha caído. Ese día en especial habíamos tenidos varios eventos en la Fundación. Cuando nos despedimos no dejo de sentir cierta empatía por alguien que habla con sus personajes sobre béisbol, por alguien que quiere poner una franquicia de Bon Ice y también, por escribir una novela. Es un mismo camino en el que están todos. Nadie mejor ni peor que el otro. Simplemente el camino para llegar a volver entrañables a sus personajes.

Ingredientes para convertirse en escritor según Alfonso Nava

Un abuelo rojillo.
Un padre apasionado en cosas de política.
Un hermano mayor apasionado de la historia.
Tíos alcohólicos.
Una madre que desde muy pequeña tiene que lavar ropa ajena.
Una tía histérica.
Un hermano panbolero.
Una hermana Leo, con un temperamento terrible.
Sobre todo, tener cable en casa.

Con eso ya hay una veta literaria bastante sabrosa.