sábado, diciembre 30, 2006

Hussein

Siento un poco de lástima por Hussein ahorcado esta mañana de sábado en Bagdad. Es inevitable, pienso, no sentirme un poco triste por ese desgraciado dictadorzuelo a pesar de que asesinó a cientos o miles de kurdos, a pesar de su régimen de terror y su guerra fraticida con Irán en los años ochenta. Miles de hombres murieron por ese apellido. Miles de familias huyeron de sus casas a causa de ese apellido pero ahora es inevitable que no sienta lástima por ese dictadorzuelo asesinado en la horca porque lo mataron no por esos crímenes sino para validar todos los demás. Su muerte valida ante los norteamericanos su guerra sucia en Irak. La muerte de Hussein valida los coches bomba, los niños muertos por fuego americano, las oraciones interrumpidas ante el cadáver de los hermanos.
Y mientras, que el mundo siga su cauce, que las muchachas y los muchachos vayan esta noche a emborracharse a los antros de la ciudad, que digan salud con las cervezas heladas, que se acaricien en la oscuridad de las discotecas y tras las columnas. Hoy han matado a Hussein. Hoy han matado a Hussein. Hoy Estados Unidos tiene más permiso para llevar junto al dictador a miles de niños, a miles de hombres gracias a la farsa de ese juicio. Ojalá te hubieran condenado por tus verdaderos crímenes, Hussein, gobernador terrible con alma de escritor. Ojalá por tus verdaderos crímenes sí te hubieran llevado a la horca. No por esto, no para justificar lo otro. Que Alá, si lo desea, te acoja.

jueves, diciembre 28, 2006

El traje

Hoy me contaron que mi abuelo se compró el traje que usará cuando se muera. Lo imagino en la tienda mientras ve los modelos, anota los precios, mientras se prueba el saco, se abrocha el pantalón y mi el largo de las mangas, del tiro, el encuarte del pantalón.
A qué mi abuelo con su traje de muerto.
Así que voy a casa de mi abuelo y le digo que me deje ver su traje. Lo muestra. Es impecable. Azul oscuro. El corte de las solapas es adecuado.
-Y estos son los zapatos -me dice.
-¿Y si se los pone?
-No, esos no, esos sí los quiero estrenar.
Nada más sonrío. Vuelvo a ver el traje de muerto de mi abuelo. Sí, qué bonito es.

martes, diciembre 26, 2006

Agradecimientos

Esta navidad subí mi post no. 300 al blog. ¿Qué ha pasado desde el día que inicié instinto contagioso? Imagino que han pasado muchas lecturas. Han pasado muchas revisiones. Parte del blog de instinto, una selección revisada y cuidada se transformó el libro apenas hace un par de meses con el título de Necrologias y fue editado dentro de la colección Anaquel de la Universidad de Guanajuato gracias al apoyo de Edgar Reza.
Desde ese primer día, también ha ocurrido la feliz coincidencia de amigos y lectores quienes le han dado segun technorati un link a este blog desde los suyos . Gracias a Sara, Liliana, Espartaco, Fabian, Gary, Dulce, Ismael, Ninett, O, Rosy, Carlos del Castillo,a Francisco, Daniel de la Fuente, Laia, Camila, Óscar, Nadia, Julian, Minerva, Oudiló, Fabián y Sony Silva. Saber que ustedes me leen en donde sea que se encuentren me produce una alegría no navideña, pero sí de todos los días.
Y gracias tambien a quienes a partir de este blog llegaron a kozamianas y me escriben ahí al no poder hacerlo aquí: Eduardo de Gortari, el gran Bogo, Alvaro, Efraín, Killer, Amaranta, Neffer, Josúe Barrera y muchos más. Hace días me preguntaba Prismático por qué no permito comentarios en este blog y la verdad, no tengo ninguna respuesta. Simplemente así nació y fue creciendo en entradas (pero no en sabiduría ni diversión jeje) y nunca lo moví. Seguro un día pondré los comentarios en on. En tanto gracias por caer en este blog o buscarlo y seguir adelante de ese post primerizo y hurgar en el resto de las entradas. Creo que este instinto durará mucho tiempo intentando contagiar a alguien con sus palabras.

domingo, diciembre 24, 2006

Una mordidita, por favor.

Se llama Juan y la secretaría de Transito de Monterrey lo dejó, junto con dos oficiales, a que consiguieran su navidad en la esquina de Matamoros con Doctor Coss. Mi amiga Maya les gusta para eso. La detienen, le piden todos los documentos y después le dicen que, si los puede acompañar. Venimos del Reforma de tomar un par de tragos para festejar el cumpleaños de O. Pero Juan, que nunca leerá esto, le dice a Maya que por favor lo acompañe. Los veo discutir en el espejo retrovisor y bajo. Comienzo a alegar con Juan y otro oficial. Mis opiniones empiezan a pesar y el oficial me dice: ¿Quiere ayudar a su amiga, en realidad quiere ayudar a su amiga? Bueno, pues hágase a un lado, me dice el oficial.
Me alejo un poco con las piernas temblándome del coraje y sólo veo como Maya discute con el oficial. Al final regreso. El oficial dice que ya mandó llamar la grúa, que cuesta 480 pesos. Que él no la puede pagar, que una vez que sale ya no puede hacer que regrese. Escucho su diatriba corruptil, retórica de un infante de cuatro años. Y pienso en qué vida tendrá ese hombre para hacer de la corrupción su navidad. Y lo miro bien, no le calculo ni 28 años y ya está con la mordidita por favor. Maya le explica que ya se iba a su casa, que sí, se tomó una cerveza, que fue honesta, que sólo quería llevar a su amiga y al novio de su amiga al barrio antiguo. Pero el oficial no cede.
-¿Y cuánto cuesta ser cortés con los amigos? -le pregunto al oficial y sonríe en la noche, con el frío, con los autos pasan junto a nosotros.
-Pues la grúa cuesta 480 pesos.
-No, bueno, oficial, usted sabe que no se trata de eso, por favor, dígame de qué se trata en realidad. Dígame cuanto cuesta ser cortés con los amigos.
Y el oficial me mira de reojo pero yo insisto.
-No es la grúa -le digo-, usted y yo sabemos que no se trata de una infracción, ¿cuántos años tiene tránsito de Monterrey y nunca se ha tratado de levantar infracciones. cuando detienen un carro.
Y el oficial se calla, se aleja y le entrega los documentos al otro tránsito y le dice:
-dejalos ir por esta ocasión y se aleja, mohino, navideñamente corrupto a la banqueta de la Capillas de los Dulces Nombres.
Nosotros nos vamos con las piernas y la impotencia a flor de noche buena. ¿A cuánto gente sí le tomará el dinero Juan esa noche? ¿Cuántos de esos que pagaron la mordida irán a estrellarse al río, a los postes, con otros carros? No lo sé. Pero Juan estará felizmente en casa con su mordida de 40 pesos, para comprarse una cerveza y tal vez, con ella decir salud hoy noche buena.

En paz

Estoy en paz con mi envidia. No deseo de nadie ni su mujer ni su oro. Si me presentaran un plato con las mejores viandas, dejaría que otro, antes que mí, pasara al frente, se le deleitara el paladar con los guisos, la manufactura de las salsas. Tengo mi soberbia también en los fondos abisales y ira juega al fondo de la calle con mi natural pereza. Pero hoy me encuentro en paz con mi envidia aunque mis otros pecados anden alebrestados entre tanta juerga, soledad y fuegos artificiales. ¿Qué le he dado a mi envidia para tenerla así, tan indefensa? Sólo le he dado de ti.

martes, diciembre 19, 2006

Para un taco

Cruzo la avenida Chapultepec y voy al puesto de tacos que me gustan. Voy hambriento. Otra gente come bajo la noche y el taquero levanta de la plancha las tortillas calientes, desprende ese vaho tembloroso y rico que suelta el bistek. Déme uno campechano, le digo al hombre y me acomodo bien mi mochila. Estoy por empezar cuando aparece tras de mí un pordiosero. Tiene un ojo cerrado por un golpe. Lleva los pelos enmarañados, sucios, casi rastas. Me extiende la mano y me pide para el taco o un peso, o para el taco ante la mirada vigilante del dueño del puesto. No traigo, mano, le respondo, traigo lo justo. Pero el hombre me insiste. Pero no quiero darle, es cierto. Hoy no quiero darle. Pienso en qué voy a solucionarle su vida o su hambre con un taco y me respondo que en nada, en nada.
El pordiosero está por irse cuando otro comensal dice: "déle su taco al amigo". Y los ojos del pordiosero tienen un brillo distinto, su boca musita un "gracias" vergonzoso, trémulo. El taquero le sirve y le entrega la comida en un papel. Después se aleja rumbo a la avenida mientras veo cómo el hombre que regaló el taco se infla, se siente orgulloso, feliz, contento por su buena acción. Y yo, sí, me siento un poco miserable mientras como, siento mi gula vanidosa, mi no darle un plato de comida a alguien necesitado. Cómo la gratitud también escoge a sus donadores. Anoche no fui escogido.

Decálogo para participar en un premio literario

1.- Usa un buen seudónimo. No pongas cosas como: "príncipe de las mareas", "huerfanita" o "Bambi" (este último a menos que te llames Elena Poniatowska, a ella se le permite todo). Nunca se sabe si un seudónimo empezará una revolución cursi o de ira en un jurado que ha tenido sus mareas, o es huérfano o tiene ganas de cazador. Si usas un buen seudónimo que no lleve a la risa involuntaria, ya tienes el visto bueno del jurado.
2.- Dedica un cuento o un verso a una gloria local, nacional o a un aspirante a gloria local o nacional. Si el jurado pertenece al grupo donde se encuentra esta gloria, ¡ya la hiciste! Si no pertenece, bueno, es imposible saber quienes son los jurados, no es tu culpa.
3.- Por favor, no pongas prólogos a tus manuscritos. Son chocantes, aburren de entrada. Pasa lo mismo con los agradecimientos a la abuela o el abuelo por ceder la historia, al amor que llevó a la inspiración de ese gran poema.
4.- No pongas consignas políticas como: ¡Todos con Oaxaca! o ¡Abajo AMLO! Por lo general los jurados son gente políticamente activa y no se sabe qué fibra se le puede tocar.
5.- Trata, al menos, de colocar en tu libro un cuento o un poema de un autor desconocido o muy bueno pero poco leído. El jurado no se dará cuenta muchas veces y ese guiño de genialidad puede hacer que vean con buena imagen tus verdaderos escritos.
6.- Usa buena letra. Con esto de las computadoras las letras manuscritas son parte del pasado. Un poema escrito con letras garigoleadas, no necesariamente hace al poema más poético.
7.- Piensa que vas a ganar. Si no lo haces, no enviarías nada. Piensa que vas a ganar con todas tus ganas, con toda tu alma, con todo tu corazón y en una de esas, puede que sí.
8.- Es de mal gusto escribir a los convocantes del premio o de la beca si ya salieron los resultados. Creeme, se cansan de contestar: "aún no tenemos los resultados, si gana, yo le aviso".
9.- Evita, si no ganas, deprimirte. Si no ganas, al menos escribe el nombre del autor y del libro y dedícate a golpearlo por otros medios. Habla mal de él, desquítate un poco, hombre, que es muy sano, también, sacar la frustración.
10.- Lo mas importante, sigue concursando. En México, para gracia de todos, tenemos cerca de 60 premios literarios. Y si ganas, no olvides este decálogo y caéte con una lana por las recomendaciones.

Temporada de premios

-Ya salió la convocatoria del Mancebo -me dice un amigo y me lee las cláusulas.
-¿Vas a participar?
-Claro, tengo una obra que es muy buena.
Escucho su ánimo. Así como hay una temporada de becas, también tenemos una temporada de premios y en México apenas está empezando.
Otro día, otro amigo me dice:
-¿Ya viste cuánto van a dar en el Efraín Huerta?
-Sí, ya vi, cien mil pesos.
-Imagínate que harías con ese dinero.
-El Owen da lo mismo, igual que los premios Nacionales del INBA.
Por otros frentes escucho también las esperanzas, me muestran los libros, leo inicios estupendos, piensan en jurados. Pienso también en todos lo que criticarían a estos amigos y porqué no, también a mí cuando veo mi par de libritos de cuento, mi novelita breve y pienso... caray, que azar esto de enviar libros.
Pero eso es lo que quieren, ¿o no? Que nos lleguen libros, que nos lleguen participantes, han de decir los organizadores, que tenga un buen nivel el Alfonso Reyes y podamos decir que este año llegaron 97 trabajos y al Luis Cardoza y Aragón 43 y el San Luis Potosí 89 y el Inés Arredondo unos 78. Imagino a los promotores ávidos de todos esos libros que están escondidos, que no son nada en los cajones hasta que alguien los mueve, los lleve a las editoriales para que se dictaminen o se publiquen y se lleve a los autores de gira de estado en estado. Esos libros que sólo esperan que a su autor se le prenda la idea de sí, porqué no... bueno, hay que enviar el libro al premio, hay que enviar los poemas al Zacatecas a ver qué pasa.
Y somos buenos creadores porque mandamos a los premios, engrosamos el listado de participantes, convertimos en número nuestros libros, en un seudónimo mágico cómico musical e interesante. ¿Para algo se hacen o no?
-¿Y tú a cuál concurso vas a enviar? -me pregunta al final mi amigo.
-Uy, no sé, cada que veo mis libros me deprimo -le contesto.
Pero es temporada de premios, qué le vamos a hacer. Y ya veo esos listados de obras, tanta novela, libro de cuentos y ensayo que este año irá de una ciudad a otra, papeles en el aire, inspiración puesta en las manos de los mensajeros.
Me dicen que me coseran los labios cuando muera. Nadie deseará ver la oscuridad de mi boca al asomarse a mi féretro. ¿Quién me coserá los labios? ¿Cuántas puntadas me darán para ahora sí, callarme incluso en la muerte, dejándome sólo, para comunicarme, la mímica temblorosa de mi fantasma?

viernes, diciembre 15, 2006

Que me traigan canciones aunque ya me haya muerto

Es curioso cómo la muerte alcanzó a Valentin Elizalde inmortalizando su rostro duro, adulto, para alguien de 27 años. Es curioso cómo la muerte llenó de fama el nombre de este cantante importante dentro de la música norteña pero colateral dentro de las muchas corrientes musicales de este país. La muerte lo alcanzó en la madrugada en la ciudad de Reynosa y calló una de las carreras más prometedoras. En sitios web, en noticieros del corazón, la nota ocupó un lugar importante y las "líneas de investigación" para encontrar al culpable son tan profundas que dieron sólo con un culpable: los cárteles del narcotráfico.
Sin embargo, ese aviso -no puede ser considerado de otra forma-, tuvo un segundo llamado cuando en días pasados fue baleada la camioneta de otro cantante de música norteña. Lupillo Rivera, famoso por su calva y sus apariciones en las alfombra roja seguido por una banda con tubas, trompetas y acordeones, fue tiroteado en la ciudad de Guadalajara. Los impactos de bala tenían como blanco su camioneta. Lupillo, misteriosamente, no levantó ninguna denuncia de hecho.
Hoy, en el diario El Universal aparece la nota del asesinato de uno de los integrantes del grupo Los implacables del norte. La muerte lo encontró mientras hablaba por celular. Con esta, son ya tres avisos en menos de un mes contra los músicos norteños. ¿Porqué contra ellos, quienes son los primeros en emocionarse por un narco corrido, quienes buscan el amparo de los narcos para componerles sus canciones? En una tierra donde sólo importa la violencia, la música debe loar esa violencia.
Los ajustes de cuentas deben de estar en grados alarmantes. ¿Quién controla la venta de droga y estupefacientes en los conciertos de música norteña? ¿Qué cártel controla esos accesos, qué cártel financia esas carreras a cambio de las ventas de droga en esos conciertos multitudinarios en ranchos, metro domos y expos? Cantarle a los muertos es una tradición que poco a poco se pierde en nuestro país como muchas. ¿Quién irá a componerle a los narcos si ellos están matando a sus fabuladores, a los únicos que pueden hacer de sus vidas una canción para que los recuerden. Porque, cuando se hayan ido, sólo quedaran las canciones, esa memoria colectiva a la que Elizalde, Lupillo y el integrantes de Los implacables del Norte han hecho e hicieron sus aportaciones.

lunes, diciembre 11, 2006

Vencer al sensei

La sala es negra. Una joven con vestidos orientales y manos juntas da la bienvenida a los espectadores. Se pasea entre las sillas a ambos lados del escenario, que no es más que un espacio rectangular delimitado por franjas platedas. El sonido explica a los espectadores de la primera fila, al ras del escenario, que no deben de mover brazos, ni extender los pies, que deben de mantenerse en una celosa posición inamovible. La chica oriental revisa con minucia que ningún pie pase la raya, regaña, gesticula amistosamente cuando es obedecida.
La obra es Vencer al sensei y se representa en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico. Cuando se apagan las luces todos los espectadores nos damos cuenta de porqué se pedía cero movimiento. Un maestro sensei y su alumno salen de distintas puertas con katanas en mano y empieza frente a nosotros un combate colosol, titánico. Las katanas brillan con la luz. La estridencia de los golpes estremece.
Vencer al sensei, la obra de Richard Viqueira es una mezcla divertida y filosófica donde confluyen el anime japones, la acción, el arte del mimo y un teatro experimental. No hay en la obra mesas para tomar te ni personajes que dialogan sobre las grandes verdades del ser, sino una profusión de acción, de batallas, de sonrisas. No es curioso entonces que varios sectores del público sean niños y que les brillen los ojos con cada esgrima fantástica.
Los actores despliegan en escena, una escena carente de elementos pero llena con los personajes, la vida en un monasterio y la lucha de un alumno por vencer a su maestro. Las batallas, los actos, el pleito de alumno y maestro por una botella de sake, el maravilloso combate con palillos chinos, el colorido de una danza bélica con coloridas sombrillas que rasgan el aire dejando haces verdes o lilas aumentan en el espectador la sensación de la magia.
El maestro y el alumno -con los pelos puntiagudos como un Gokú cualquiera- combaten, ríen, comen, exploran en la oscuridad sólo con su deseo por combatir, por vivir. Excelentes los tres personajes: la chica oriental, el alumno y el maestro. Al salir de Vencer al sensei dan ganas de ir por un ánime para seguir viendo esas fabulosas batallas, ese mundo que queda impregnado en una sala que deja de ser oscura para convertirse en un bosque de grandes bambus, en un bosque con grama tierna y llena de rocío donde al final siempre, cae un cuerpo y una espada vuela en el aire para herir la tierra.

viernes, diciembre 08, 2006

Fe

Perdóname Señor
por mi fe pequeña
que se derrumba
al paso de las hormigas
arrugada piel de viejo.
He visto tantas
tardes sin esperanza
tantas horas consumidas
con la idea de la muerte
rondandome
acechandome
incluso en la sonrisa
de un niño.

Perdóname Señor
por mi fe
castillo de naipes
equilibrista
¿qué haré con ella?
que ni me cabe en los ojos,
que ni me sabe
en el paladar?

Qué haré con esta
fe amarga
ponzoñosa
tan consciente
en la desventura
que te alaba
y te niega
a todas horas

¿Habrás de negarme
también
por ser hombre
de fe pequeña?

Cómo escribir una obra maestra

Es curioso como, al empezar a escribir, se quiere conocer los secretos para llegar un día a poder crear una obra maestra. Se admiran los libros, después a los autores y es frecuente oír en charlas de jóvenes escritores, un listado de aquellas obras que unos u otros quisieron haber escrito. Yo tengo también mi lista, por supuesto, pero por simple pudor ni la menciono.
Y para escribir una obra maestra se piden las recetas, los tips, también la forma de acortar el camino. Se asiste a talleres y se sigue a pie juntillas las ordenanzas del "maestro", las visiones críticas de los compañeros del taller. Se leen todos los decálogos posibles del cuento, se analizan todas las lecturas críticas, se analiza la estructura, se lee la tradición, esa vasta anciana generosa pero también que sólo enseña a regañadientes.
Cuando se tiene acceso a escritores que se admira, llámese Antonio Lobo Antunes, Gabriel García Márquez o Saramago, sólo por mencionar a los que están vivos hoy ocho de diciembre del 2006, se les pregunta con una especie de rubor (claro, si el joven autor tiene aún un poco de cándor y no ha mandado a estos y muchos otros autores a la hoguera de sus vanidades), cómo le hizo para escribir sus novelas, qué miró, cómo enlazó los personajes, cómo motivó tales escenas.
Y el gran autor calla, imagino que un poco ruborizado, imagino que con un suspiro de indolencia pero el autor calla.
Nadie va a decir cómo se escriben sus obras maestras.
Hace días vino Mario Bellatín a leernos un texto que trata sobre su comodidad o incomodidad por ser catalogado como un escritor raro (decía que le molestaba, pero indudablemente se sentía a sus anchas en esa taxonomía). Cuando se le preguntó de dónde venía su tradición Bellatin calló. Dijo que no existía tal tradición, que la tradición en realidad parte de las combinaciones. Pero Bellatín no dijo de dónde venía su tradición.
El problemas con las obras maestras es que hay algo sobre ellas que no se enseñan en los talleres ni en los decálogos del perfecto cuentísta: la obra maestra es orgánica primero que nadie con uno mismo. La obra maestra, si es acaso existe también una obra multigenérica, multiracial, multicrítica sólo es en relación consigo mismo.
Un amigo se jacta de que siempre escribe obras maestras. Lo dice con suficiente tranquilidad y orgullo. Yo le creo. Siempre me parece que esa obra maestra lo afecta primero que nadie a él, le dice cosas a él, lo lleva al paroxismo y a la tranquilidad primero que nadie a él. Y ¿cómo entendernos a nosotros mismos, cómo ver una realidad, cómo enamorarse de los eucalíptos o de los asesinos en serie si son actos íntimos, no negociables al portador, actos en los que nadie tiene asomo por muy bueno que sea el otro escritor y tenga las mejores intenciones?
¿Y la crítica? Bueno, de algo tienen que vivir los críticos. Ojalá escribiéramos obras maestras primero para nosotros y al verlas viéramos poco de otros autores en ella, claro, parte de esa tradición necesaria, pero más de nuestras asfixias, transgreciones y esperanzas. Uno se escribe siempre: decir que escribimos ficción también es mentira.

jueves, diciembre 07, 2006

Debilidad

¡Qué débiles son mis piernas! ¡Qué lentos mis brazos! A veces quisiera salir de casa saltando, de un brinco llegar a la otra esquina pero mi cuerpo me lo impide, mi terriblemente cuerpo lento, abotagado, tan a gusto con su lenta circulación, con sus músculos a su mínimo esfuerzo. Y veo los gatos que de un salto dejan atrás una barda y veo los músculos firmes de los perros al perseguir un auto, veo los saltos tímidos de los pájaros al sentir la cercanía de la gente y me entra una nostalgia extraña por mi cuerpo siempre tan al ras del suelo, siempre a la mínima potencia, consumido en el menor esfuerzo.
Qué daría por tener mi fuerza en su sitio, dispuesta.

domingo, diciembre 03, 2006

Lampara maravillosa

Y tomé la lámpara y comencé a murmurar: "yo quisiera tener la vida de Gael García, yo quisiera tener la vida de Gael García, yo quisiera tener la vida de Gael García."

Y cuando abrí los ojos era Diego Luna.

Entre el ser y el tener

-Oiga -me dice el hombre-, ése qué carro es, ¿es de los buenos, verdad?
Adelante de nosotros va un Porshe azul metálico, placas bonitas, defensa más limpia que los dientes de Jaqueline Bracamontes.
-Sí, es de los buenos -le respondo-, ese vale más que usted y yo juntos. Si le pega no lo paga ni con los riñones, ni vendiéndo el corazón, ni vendiéndo su columna ni nada. Es más, no pagamos el golpe aunque los dos vendamos el corazón, así de bueno, es ese carro.
El hombre murmura un ajá desanimado. Yo nada más sonrío que no valgo ni un porshe, tal vez ni un nissan corona.

viernes, diciembre 01, 2006

Apuntes de una jornada presidencialista

Toda la mañana la avenida Chapultepec se llenó con las sirenas de la policía. En el zócalo se concentró una multitud de partidarios de AMLO pero en ningún medio le dieron paso a esas imágenes. La noticia estaba en la tribuna tomada por los panistas, en el diputado de la chamarra amarilla que intentaba romper las vallas blanquiazules. A cada cierto tiempo la televisión pasaba las imágenes de las escalinatas del Congreso donde pasaban desde Casterns, el nuevo secretario de economía hasta Arnold Schwarzenegger, el flamante gobernador de California a quien una comunicadora adjudicó el gobierno del estado de Texas.
Toda la mañana el estres se encontró a tope. Los diputados del PRD bloqueron los accesos al pleno de la cámara, los diputados del PRI abordaron el pleno desde una puerta trasera con banderitas de México en alto, las mismas banderas de ese país que saquearon en 70 años. Cuando la transmisión de las cadenas nacionales pasó a la señal de la Presidencia, un nervioso Sergio Vicke y una aún más nerviosa Diane Pérez argumentaban que el ambiente en la cámara de diputados era serena y tranquila. Estaban los accesos cerrados con candados, había en pancartas contra el presidente Calderón, había una silbatina incesante pero a Diane Pérez le pareció que la cámara se encontraba tranquila.
Una mañana de equívocos vivió la cámara de diputados. La llegada de Felipe Calderón fue por una puerta trasera, custodiado por los diputados del PAN. Atrás de él llegó un sonriente Vicente Fox quien, en un acto tal vez inconsciente se puso presto a colocar la banda presidencial a Calderón, tal vez recordándo su declaración de días pasados donde argumentaba que él era el presidente que ganó dos elecciones. Calderon fue congruente, fue parco, fue veloz al momento de tomar la protesta ante diputados y senadores. La silbatina no cedió, los gritos de apoyo de AMLO no cedieron tampoco. Su salida fue similar a su llegada: rápida, como diría más tarde Santiago Creel, "una salida quirúrgica".
Cuando la transmisión volvió a las cadenas nacionales, el tv Azteca pasaron, sin querer, con la reportera que iba a cubrir la comida de Calderón con sus allegados en el Museo de Antropología. Muy contenta, casi con torpeza y tacto político, iba a empezar a decir el excelente menú para casi 950 personas que iniciaba con una crema de elote a la... y ahí le cortó Alatorre la transmisión para ir de nuevo al Auditorio Nacional.
Y mientras, en avenida Chapultepec, seguían pasando los camiones y las ambulancias. La comida estába prevista para las dos de la tarde. 950 personas, un menú seguro de primera clase, un menú de miles de pesos. Me pregunto si AMLO habría iniciado así, gastando todo ese dineral para que 950 personas comieran igual de rico que él. Pero es imposible saber aunque la única respuesta que tengo es que sí.
Casi al mediodía salí de casa para ir a la Fundación y al llegar a una esquina encontré a un campesino vendiendo palanquetas: un dulce tradicional hecho a base de amaranto con miel y con forma cuadrada. El dulce tiene también trozos de pasa, nuez y cacahuates. El hombre era pequeño, tenía los ojos casi azules, calzaba unos huaraches. En un costal había decenas de palanquetas. A un lado estaba su familia, una mujer que sostenía en brazos a una pequeña y un par de niños jugaban al lado. El hombre vendía las palanquetas a dos pesos. Y miré el costal y pensé en la crema de elote y los 950 invitados y las tribunas tomadas y a Diane Pérez mintiendo que todo estaba tranquilo y a Santiago Creel contento porque no gestionaron nada, simplemente se burlarón de los otros, a Fox con sus ganas de poner la banda presidencial.
Qué asco da este país pensé al momento de comprarle al campesino diez palanquetas. Y pensé que todo el día, tal vez, sólo iba a vender esas diez palanquetas, que este día sólo iba a mantener a su familia con mis veinte pesos, ¿porque quién quiere comprarle dulces a un campesino, dulces de dos pesos cuando ayer ganaron las Chivas, cuando ayer empató el Pachuca, cuando ayer AMLO seguro también tenía una opípara cena?
Dos pesos la palanqueta, 950 invitados más el resto de las cenas, más el resto del gasto, más el resto de los viajes y la segura riqueza venidera de los allegados a Calderón. ¿Estarás ahí, Hildebrando? Y este pobre campesino vendía sus palanquetas. Maldije no llevar más dinero para comprarle todas y darle al menos a él y a mí, la certeza de que en este día presidencial donde todo querían la tribuna, darle un poco de tranquilidad y esperanza para los seis años que ya nos amenazan. Pero ni eso pude, ni eso.

jueves, noviembre 30, 2006

Correo

Qué hace uno cuando recibe ese violento correo no deseado que se cuela, hábil, hasta la bandeja de entrada. Siente pequeña frustración, no mucha, poca, la necesaria para mentarle la madre al tipo que se puso a enviar cadenas de amor, de esperanza, de milagros, cadenas con sus hijos secuestrados o boicots presidencialistas. Es imposible que uno se pregunte qué tiene qué ver con la esperanza, el dolor, el amor o el milagro que el otro espera, qué tiene qué ver uno con la risa que el otro intenta arrancarte después de enviar un chiste. ¿Quién nos alejará de esas pequeñas frustraciones de subir el cursor hasta el botón de suprimir?

martes, noviembre 28, 2006

La poesía o el Encuentro Iberoamericano de la ciudad de México

Mijail me dijo que debía de escribir algo sobre el Encuentro Iberoamérico de Poesía en la ciudad de México. Y lo voy a hacer aunque sólo pude ir a dos mesas de lectura. Carmen Verde, la poeta venezolana leyó poemas un tanto místicos pero antes de ella pude escuchar a una gran poeta peruano, Hildebrando. No recuerdo precisamente sus palabras pero eran cálidas, sonoras, luminosas, igual que un arbol que cae y no es sólo un árbol que cae sino un río y ese río no es sólo un río sino algo más. Francisco Hernández leyó unos poemas breves muy divertidos y uno de sus poemas que más me gusta donde dice que hay que desbastar al poema hasta dejar como un alfiler que duela.
La capilla de Corpus Cristhi, donde fue el evento, lució a reventar. La poesía congrega, me dijo Mario Bohorquez, el director del encuentro, había que traer de nuevo a los grandes poetas sudamericanos a que hablaran con nosotros, con la gente. Zurita, el poeta chileno, habló de la gran tragedia de su generación en sus poemas. Zurita llenó con su voz los fantasmas, los galpones de cemento, los cerros. Su voz se volvía cavernosa al hablar de la muerte, mansa al hablar de esos cerros, de esa juventud perdida.
Ojalá en México, la peosía saliera de las librerías y de los cafés, ojalá en México los poetas salieran a la calle a regalar sus palabras a toda esa gente que no sabe de genocidios en Chile, de guerras civiles, del avance de la izquierda. A veces la poesia, creo, fracasa porque quiere ser demasiado poesía en sí misma, demasiado bien escrita, demasiado bien sonora, demasiado bien críticamente aceptada. Yo me quedé pensando al irme en la voz y las palabras de los poetas tan pensadas, tan pulidas, esos alfileres de los que habla Hernández, ese árbol que cae entre los hombres y no es sólo un árbol, ni es un río, sino otra cosa.
Muy bien el Encuentro Iberoamericano de poesía en la ciudad de México. Espero que el otro año asalten los mismo peotas el metro de la ciudad de México, el metrobus camino a Doctor Galvez, los centros penitenciarios.

jueves, noviembre 23, 2006

Avaricia

Siempre he querido escribir sobre el vendedor de periódicos del metro Zapata. El vendedor de periódicos del metro Zapata tiene su lugar abajo, cerca de los torniquetes de salida. A veces lo atiende una mujer, a veces lo veo devorando trozos de pizza de esas que cuestan a quince pesos ya con el refresco incluido. El vendedor de periódicos pone sus diarios en unos atriles y coloca las portadas de todas las secciones, las fotografías maravillosas o infumables y mientras los vende, cuenta las monedas, mira a la gente, se rasca la naríz, se tira un pedo escupe a un lado. No sé, cosas que hacen todos los vendedores de periódicos y quienes no venden los periódicos. Lo que me sorprende de este hombre, es que tapa todas las letras de las notas con cartoncitos color café. Oculta toda la información para que nadie se detenga a leer las notas. No le gusta que nadie lea el periódico. Que lo compre, pero que nadie lo lea ahí. Por eso tapa las notas. Su puesto es un mosaico de fotografías, encabezados y cuadritos color marrón. Pienso en todo el tiempo que le lleva sentarse a gozar de su avaricia para cortar los cuadritos de la forma exacta para que no escape ninguna palabra. Y luego se sienta a vender, a comer, a mirar abúlico a la gente y no sé si venda periódicos pero yo nunca, lo tengo claro, le he comprado.

martes, noviembre 21, 2006

Ataque con gas lacrimógeno

La policía federal detonó bombas de gas lacrimógeno en la esquina de Bucareli y General Prim y, desde el lugar donde me encontraba, vi cómo el humo blanco y disperso se hacía grande, se comía el aire cercano hasta parecer una pared confusa entre ir hacia el cielo o a los lados. La gente comenzó a correr huyendo del humo y no tardó mucho para que sintiera también el escozor en la garganta y los ojos. Comencé a lagrimear y me tapé la boca pero aún así sentía que el humo entraba a mi garganta: “Compañeros, no caigan en la provocación” decían por los altavoces pero la gente no oía en su intento por huir del gas que avanza silencioso y blanco hasta nosotros. Me refugié en la puerta de una tienda de partes de motocicleta y volví a leer los cartelones que colgaban de las verjas de la Secretaría de Gobernación: “Ulises, recibe la gratitud de los Acatecos”, “Organizaciones del Frente de Oaxaca”. “A favor de Ulises.” Y no, no me había equivocado al leer.
Los manifestantes se encontraban a favor de Ulises Ruiz, el vilipendiado gobernador de Oaxaca. Por los altavoces el líder seguía pidiendo calma a los manifestantes quienes se agolpaba en la otra esquina de la calle, temerosos aún del gas que flotaba en el aire y que el viento atraía con lentitud. Un par de hombres vomitaban en la acera y tenía los rostros rojizos, una señora decía: somos los que trabajamos así y nos pagan. Atrás de ellos se encontraban los autobuses y vendedores de cacahuates. En la esquina de Bucareli y General Prim ya casi no había humo pero vi entonces un carrito de venta de frutas y pepinos en medio, abandonado. Comencé a avanzar hacia la esquina y mientras lo hacía el gas me volvía a picar. Aún había demasiado en el aire. Del otro lado de donde lo habían soltado otro grupo de manifestantes corría en dirección hacia Chapultepec. Alguna gente de la prensa con la boca cubierta con bufandas y las cámaras en alto, cual pendones o lanzas, avanzaba hacia las vallas que la policía había acomodado apenas se dispersó la gente. Todos los uniformados miraban con paciencia tras ella y cubiertos con máscaras antigases.
Y sí, la gente venía a apoyar al gobernador Ulises Ruiz. Pensé que eran acarreados y cuando los oí mentar a la APPO, decir que estaban acabando con el patrimonio de la Humanidad y que aún así los premiaban dándoles dinero para sus organizaciones fantasma no supe qué pensar. Es difícil en nuestro tiempo y en cualquier tiempo llegar a la verdad. La verdad se nos esconde siempre, por eso es muy valiosa cuando alguien sale a buscarla, a hallarla en los subterráneos donde acampa. ¿Quién tendrá el futuro la verdad sobre las vejaciones en Oaxaca? ¿A quién hay que creerle? Dice Alberto Caracalo que no existe una idea objetiva y que todas nuestras ideas son exterminadoras. Tal vez tenga mucha razón. El gas se había dispersado y ya no me ardían los ojos ni me molestaba la garganta cuando me acerqué hasta las vallas de la PFP y vi en los ojos vacíos de una policía todo el exterminio del que puede ser capaz el hombre. Y atrás de mí volvía la gente a alzar pequeñas manos de papel para pedir paz y atrás venían los sombrerudos, los hombres con chamarras de piel de borrego, los manifestantes sin rostro ni ideología a apostarse por la idea en turno.

viernes, noviembre 17, 2006

Hombre pájaro

Y corrió la noticia de que algunas tardes era posible ver al hombre pájaro planear muy cerca de uno de los cañones del cerro. Se decía que tenía alas inmensas con las que podía abrazar a más de nueve hombres y que en sus garras podía cargar los cuerpos indefensos de varios recién nacidos. Algunos dijeron que debían de batir las cuevas y vigilar las salientes. A lo mejor, con algo de empeño y suerte, se podría capturar al hombre pájaro y llevarlo a algún museo o disecarlo y vender sus alas a la ciencia o tal vez ponerlo en algún circo. Y de todas las frases que comenzaron a correr la única que hizo mella fue en don Justino, el cirquero. Y se frotó las manos al pensar en ese poderoso hombre pájaro, mas fiero que cinco leones, con más garbo que cualquier caballo amaestrado. Y se frotó las manos. Él iría por ese formidable animal. ¿Pero, era animal? Sólo tuvo esa vacilación pero después volvió a mirar el cielo. No importaba, si el hombre pájaro estaba allá, iría por él así y hablara un lenguaje de hombre, así y se le llenaran los ojos de lágrimas al contemplar la luna: sería cazado.

jueves, noviembre 16, 2006

A mí me gusta hablar de gente que no sabe que existió Borges.

Texto leído en la FILIJ 2006

Últimamente, no escribo. Esa debería de ser una primera verdad. También en no escribir está escribir mucho, demasiado. Se escribe constantemente cuando no escribes sólo que no hay papel que lo demuestre. Se escribe al ver a la gente, al asomarte a los puestos callejeros, al leer los anuncios panorámicos, las frases en las tiendas: frases económicas, sin importancia para ninguna literatura como: Carnes Mendoza: se arreglan composturas: se venden cabezas con dirección, se renta cuartos para señoritas solas, etcétera.

Lo cierto es que incluso de esas frases aburridas, en algún momento, no se sabe cuándo, saldrá una historia: ¿pero, en qué consiste una historia? En imaginar que un personaje hace algo. Y hay otros personajes que lo impiden. Una historia puede ser tan real como algo que le pasa a alguien cuando va por las tortillas y saca su bicicleta o partir de una exageración de algo, por ejemplo, de un niño que de tanto rascarse las orejas ya no pudo sacar su dedo y se pasó el resto de su vida con el dedo en el oído y no podía oír nada. Pero del otro lado oía excelente, tanto que podía escuchar el trino de un pájaro a lo lejos y las voces de la gente dentro de sus casas y si aguzaba el oído libre y lo aguzaba muy bien, podía oír las palabras de la gente en los aviones a chorro. Y todo eso lo llevó después a tener que resolver un problema. Y ahí es donde empieza la historia en realidad, aunque ya se lleve más de cinco cuartillas o más.

Y claro, en algún momento, ese personaje, ese niño, tendrá que ir por calles donde hay carnicerías Mendoza, donde regalan cabezas con dirección y se rentan cuartos para señoritas solas.

Pero últimamente no he escrito. Porque es bien cierto que, para escribir, primero hay que leer y vivir. Y hay que leer todo lo que caiga en nuestras manos: desde la revista sensacional de Mercados, hasta la publicación semanal de Lucha Libre pero también, los verdaderos libros: los cuentos de Hans Cristian Andersen, los cuentos de Roald Dahl y los de Francisco Hinojosa, la novela de Juan Rulfo o las historias juveniles de Orlando Ortiz y ver cómo los otros hablan del mundo. Porque los libros, más que hablar de gente que hace o deshace, más que hablar del niño con el dedo trabado en la oreja, habla del mundo. ¿Y quién ha visto el mundo más allá de sus propias narices? Los escritores, los cineastas, etcétera.
Yo no conocía Tebas, una ciudad egipcia del año 2255 antes de Cristo hasta que leí una novela de un autor egipcio donde habla de cómo un antiguo faraón recuperó la ciudad que estaba en manos de un ejército enemigo. Y gracias a este autor pude ver las escalinatas doradas de los templos, los jardines reales con pequeños canales de agua fresca, los barcos con velas plateadas en el puerto y las bandejas con dulces hechos en base al azúcar y dátiles, dulces casi doradas y empalagosos. Y tan sólo hace unos días, gracias a un autor argentino, pude conocer finalmente la ciudad de Acre, una fortaleza cristiana en Palestina durante el tiempo de las cruzadas. Y pude oler el pan recién horneado, ver las filas de esclavos negros camino a los barcos, el desfile orgulloso de los caballeros con sus estandartes blancos y cruzados encima de poderosos caballos cobrizos, pardos o negros.

Pero, insisto, últimamente no he escrito. He leído y también, creo, he vivido. He hecho un par de viajes al mar y a Tlaxcala. Y me sorprendió ver en un convento un púlpito donde dice que ahí inició la fe cristiana en América y en Tampico, me sorprendió ver cómo los grandes barcos se anclaban en el puerto. Y me sorprendió ver a una anciana que esperaba afuera de un edificio, en una zona prohibida del puerto, una mujer ya muy encorvada y después apareció un hombre y una chica y se la llevaron. Y me quedé pensando: ¿cuánto tiempo habría estado esa mujer ahí, afuera de la tienda, hasta que llegaron por ella? ¿Vendía algo? ¿Eran sus familiares quienes la recogieron? Y pensé, aquí puede haber una buena historia. La historia de una agencia que recoge viejitos en la calle hasta que un día, un par de viejos decide huir…

Pero, ¿cómo se escribe una vez que has visto, has leído y has vivido? A base de curiosidad y de preguntarse cosas y de imaginar. En la imaginación todo es posible. Por ejemplo. Podemos escoger a un hombre, cualquiera de esta sala y preguntarnos: ¿qué hará cuando salga? ¿Qué libros puede comprar? Y seguir con la imaginación hasta donde se pueda. Igual y tiene hijos en casa que esperan los libros, igual y vino solo de paseo y en la tarde tomará un autobús para volver a su ciudad: Pachuca, Toluca, etcétera y… si jugamos un poco con ese hombre, podemos imaginar que en realidad vino a robar un famoso libro y vino a esta sala nada más a matar el tiempo o que ese hombre vino aquí a encontrar a una mujer que no había visto desde hace mucho tiempo o que ese hombre es en realidad un guardia de seguridad.

Y así, llevar al personaje a donde sea. No existen los límites. Para escribir pasa lo mismo que con vivir: se tiene que preguntar siempre porqué ocurren las cosas, a dónde nos llevan, si será al zoológico o no. La aventura y las historias están siempre en todas partes. Cada libro es un mundo. En cada historia podemos encontrar desde hombres que capturan espejismos hasta un niño que tienen que subir a Microbuses del tiempo.

Pero bueno, inicié esta pequeña charla diciendo que hace tiempo que no escribo y es cierto. A veces también se tiene que descansar de escribir y vivir, porque, la literatura es un bien preciado pero también es sólo otra de las tantas cosas que hace el hombre pero no por eso se deja de imaginar, de crear, de pensar en múltiples personajes. Claro, existen muchas formas de partir en la escritura: desde las ideas, desde el horror, desde la duda, desde la violencia, desde la imitación, incluso desde el querer hacer algo nuevo, cansado de lo de siempre, pero yo escribo desde lo sencillo, desde gente que no sabe que existe la literatura, o la escritura o el cine o que no sabe que el acorazado Potemkin se hundió hace mucho tiempo o que Borges no es Borgues.
Yo creo que la literatura debe de hablar, desde el principio, de las cosas sencillas de la vida y cómo se van enredando poco a poco. Pero claro, la literatura puede hablar de muchas cosas. Cada escritor es un mundo, tiene una forma distinta de ver la realidad. Todos podemos ser escritores si queremos, en sólo cuestión de preguntarnos qué hay más allá de nuestro mundo y la primera piedra de sus novelas o cuentos, estará ya cimentada.

martes, noviembre 14, 2006

Escribir desde la felicidad

Escribir desde la felicidad es uno de esos momentos extraños y breves en la vida del escritor. Es aún más difícil corregir desde la felicidad y más difícil aún, que sean tus amigos quienes te ayuden a llevar a buen puerto un texto. Por eso a veces muchos talleres de novela y cuento fracasan porque no es el compañerismo lo que los anima, sino una carnicería feroz, un demostrar qué tanto sabes, un imponer tu estética sobre la de los demás. Ser guía es el resultado de muchas lecturas pero también de mucha intuición.
Si partimos de la idea de que la noción de un texto se construye y reconstruye con el tiempo, los asistentes al taller literario no deberían de ser unos carniceros. Si un texto es producto del movimiento del espíritu, de la visión de la realidad o la perturbación en el creador de la misma realidad, tan bella como un hombre que mira esperanzado un atardecer, tan violenta como una niña asesinada y violada en cualquier parte del mundo, lo mínimo que se podría hacer en un taller sería partir del respeto hacia el texto.
Pero es difícil. No resulta fácil encontrar en el mundo buenos compañeros de taller. Son contadas las ocasiones cuando compañerismo y amor por la literatura del otro se conjugan. Por eso, después, existe tanta esterilidad creativa, tanta novela que no pasa de la primera página. Y ademas, también está la terquedad propia del autor. No te enamores mucho de tus palabras, dicen por ahí, pero resulta a veces difícil desenamorarte. Así no se crece, es cierto, pero una opinión que no parte del amor a la obra es difícil que sea escuchada.
Hay un viejo consejo que dice, cuando una pareja se aman, se hablan en voz queda, porque sus almas están cerca y, cuando una pareja se odia, tienen que gritarse todo, porque en realidad el alma está escondida, lejana y no quiere oír. Lo mismo pasa con las críticas: hay algunas que en lugar de hacer crecer, hieren, otras que de la mano te llevan por senderos luminosos para cambiar. Llega un momento dentro del taller de narrativa, en el cual ya no se trabaja con los gerundios, las estructuras narrativas y las atmósferas, sino con los sentimientos que motivaron tal o cual texto.
Si ese momento se salva, se logra identificar, es posible que demos luz a alguien. Porque la escritura, lo mismo que el resto de las artes, parten de los sentidos y sólo mediante esa visión pueden ser recuperadas, lo mismo que un enfermera que arrulla al paciente antes de ponerla la inyección. Es en la forma, en la manera como se trata el texto del otro donde se encuentra la sutil diferencia entre ser esa enfermera cuyas manos tibias te preparan para la inyección, para curarte, para sanar al texto, que en la mirada fría del hombre que dispara al caballo al que se le han roto las patas.
La letra con sangre entra, dice el dicho, pero la letra que es inducida con amor también. ¿Pero amor en la literatura? Puede parecer un tema cursi pero en el fondo de todo existe, aunque sea por un rapto, el amor que se le tienen a los personajes. también con amor se les mata y se les tira al fuego porque no salieron bien a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Novelas amadas se encuentran en el fondo de los escritorios, libros esperados con ansia y que consumieron años de nuestras vidas son pasto para el olvido. Y a veces, tallerear con amor los textos puede hacer que sean menos las obras que ocupan las sillas patibularias, los inviernos tan temidos.

viernes, noviembre 10, 2006

Algún día iremos
a ese lugar
donde habita
nuestra nostalgia
llenas las manos
de lodo, de sarro
los ojos
prístina la ilusión
de las cosas
de las cuales
no sabemos
ni su nombre
ni su hora.

miércoles, noviembre 08, 2006

Mira el niño
el ataque pirata

salta a su cama

lunes, noviembre 06, 2006

México Press

En el Museo Franz Mayer se expone, por estos días y creo que hasta diciembre, la exposición de World Press con las mejores fotografías de la prensa sobre desastres naturales, política y deportes. En un viacrucis impresionante el espectador podrá ver la imagen de un grupo de migrantes africanos que ven a lo lejos las luces de un puerto. Podrá ver a una mujer acostada en una cama frente al ataúd de su marido, un soldado muerto en la guerra con Irak. Podrá ver el giro impresionante de un caballo de rejoneo al evitar el embiste de un toro de lidia. También podrá ver la silueta delfínica de un nadador al momento de zambullirse en el agua y la cabeza cercenada de un mara sobre el piso.
La principal aportación de World Press estimo, es mostrarnos la crueldad del hombre y también la desesperanza del hombre. Es imposible que, al salir, uno se sienta aliviado. O tal vez mira la calle con otra perspectiva después de ver los cuerpos hinchados por la putrefracción en Banda Ache o a un hombre que tiene la mirada perdida cuando su hijo le dice que se va a otro país. Son fotografías perturbadoras y bellas al mismo tiempo.
Al final me pregunto, deberían World Press de hacer una exposición con las fotografías de este sexenio que, me perdonen muchos, termina con una balanza delicada en contra. En México Press deberíamos ver a Martha Sahagún al momento de injuriar al diputado del pri que lleva la investigación contra los Bribiesca, deberíamos de ver a AMLO al momento de negar con la cabeza cuando vio a Ponce jugando con dinero del gobierno en Las Vegas, deberíamos de ver una fotografía aérea de la marcha contra la violencia y después cortes a los callejones del centro histórico donde se puede conseguir una mujer con veinte pesos. Después, una mirada a los campos mexicanos desiertosa, al desastre en Cancún y un contra punto con alguna fiesta importante en Santa Fe o las grandes refinerías. Para aliviar un poco, deberíamos de mostrar las fotos de "la Chule" al mostrar el vientre donde va a nacer el hijo de Luis Miguel y porqué no, algunas fotos de goles del América en el Azteca y de goles al América en C.U. el Jalisco, en el Tres de Marzo, el Tecnológico, etcétera, etcétera. Incluiríamos a Brozo y un foto del big brother con Kawagi haciendo pesas.
México Press también tendría sus categorías. Historias. Políticos. Masacres. Deportes. Imagino que las astas con las cabezas de los hombres asesinados en el norte sería una buena toma, lo mismo que los caminos destruidos en Oaxaca. En actividades políticas, deberíamos de poner al consul de México en Francia que se gastó miles de pesos en un par de almohadas y a Bejarano cuando recibía el dinero de Ahumada y después a Bejarano escribiendo poemas en su celda. En Historias, sólo con seguir a un migrante o un día en la vida de un policia del Distrito Federal bastaría.
Podríamos terminar la exposición, a estas alturas macabra, con fotos de la familia presidencial, con la foto de aquella mujer enferma, vieja, en silla de ruedas y agobiada entre la multitud que asistió al mitin de Obrador del pasado 16 de septiembre y luego a senadores y panistas al momento de subirse el sueldo. Como punto final, deberíamos de poner las fotos de Oaxaca. Cerraría mi exposición de México Press con la imagen del fotógrafo norteamericano muerto, mientras es izado de brazos y piernas rumbo a la ambulancia y al lado, a Ulises Ruiz desayunando unos chilaquiles y con un jugote de naranja al lado.
México Press sería un éxito de taquilla, estoy seguro, aunque al final saldríamos tambaleantes y con ganas de huir al extranjero, felizmente huir.

sábado, noviembre 04, 2006

"Todo hombre tiene un lugar en su vida del que siente nostalgia, al que siempre tiende y al que debe llegar si desea sentirse en paz"

Stifer, Piedras de Colores.

miércoles, noviembre 01, 2006

Al oído

Es bien fácil hablar de puterías, llenarse la boca con palabras como cogida, putas, semen, métemela, lamidas, vaginas poderosas y otras partes del cuerpo. Es bien fácil escribir, escandalizar con fluidos y posiciones sexuales pero qué difícil es en realidad decir una buena metáfora, colocar una imagen donde debe de ir, poner en la boca de alguien una verdad que sea compartida por muchas personas, que la gente la lea y diga, claro, claro, yo había pensando casi casi lo mismo, pero si claro, yo ya lo sabía, y al final quedarse con esa certeza de que en el otro había algo de él o ella, que compartimos más que un pequeño mundo de lecherías o supermercados, de bibliotecas o salas de belleza.
Pero cada cosa con lo suyo. A veces sí es necesario que te digan palabras sucias al oído.

La marcha

Con ellos van las vendedoras de cacahuates y gomitas, con ellos van filas de uniformados que reciben los gritos de algunas señoras, gritos de aliento, de burla al decir: "los azules, valientes, apoyan el contingente." Todos marchan por los carriles de una avenida Reforma ya tan acostumbrada a las marchas, los gritos, los muera el gobierno. Y van con las consignas contra Ulises Ruiz a toda asta. Van parejas con ellos, van chicas solas que se ponen rojas de la verguenza al cantar una mentada de madre contra el gobernador oaxaqueño.
Y yo camino con ellos en sentido inverso. Sus gritos se elevana sobre la tranquilidad de la avenida y el sonido de los autos y transportes de pasajeros en el otro sentido de Reforma. Un poco antes del monumento a Colón viene un grupo de estudiantes con banderas del partido comunista y me pregunto porqué sigue enarboladas cuando han caído ya en casi todo el mundo. Pero las banderas rojas con la hoz y el martillo amarillos, entrelazados, ondean febriles entre la gente. Avanzan a ritmo parejo por Reforma.
Me detengo frente a un edificio y noto los vidrios rotos del segundo y el quinto piso. Alguien ha lanzado piedras para expresarse. El dueño vocifera que hay tanto delincuente y no los agarran. Pasea de un lado a otro de la entrada principal y se enoja cuando un empleado termina por romper la ventana y los vidrios caen con estruendo sobre una carpa. Los marchistas ven las ventanas rotas y sonríen tímidamente o apuntan. Uno de los achichincles del dueño ordena que apaguen las luces naranjas del restaurante en el primer piso mientras el dueño toma el celular y grita, ordena que quiere a todo el personal reunido inmediatamente en el salón 204. Sólo sonrío cuando escucho por un altavoz de la marcha que la appo no es violenta, que la appo respeta.
Y la gente sigue pasando. La columna de gente se engrosa con las vivas a Oaxaca y las mentadas de madres a Ulises Ruiz. Van todos con banderas, con dibujos donde se ridiculiza a Ruiz y se exige la salida inmediata de la PFP de las calles de Oaxaca. Van también vendedores de elotes y niños y grupos de muchachos que gritan mueras al gobierno. Cada calle se llena de gritos similares.
Y no dejan de pasar. La gente los observa, los carros en el otro lado de la avenida esperan impacientes. La noche cae sobre la ciudad y de un lado de Reforma todo es luces y del otro, el dirección a Los Pinos sólo es gente, camionetas, autobuses que proclaman libertad, banderolas del partido comunista, seguidores de la Convención Nacional Demócrata que reparten volantes, niños en los hombros de sus padres. Los policias también avanzan con ellos en blindadas y hermosas camionetas. Es un contingente de casi doce patrullas pero a la mitad viene una suburban negra con vidrios polarizados protegida además con policias a pie.
La marcha, la marcha. Nunca terminarán las marchas, su justa o injusta necesidad. Cuando salgo de ella miro hacia el cruce de Reforma con Cuauhtemoc y sólo se ve más y más gente que en la oscuridad no da fin al grueso contingente. Aquí no hay tanquetas pero escucho cuando un último hombre con la mirada apacible, con una bandera blanca dice: "queremos libertad".

lunes, octubre 30, 2006

Aún así me levanto y muerdo el durazno más fresco y jugoso de la temporada.
El jugo resbala por las comisuras de mis labios.

Oaxaca

Resulta terriblemente incómodo leer en las cabezas del periódico, a nuestro presidente electo, decir que Oaxaca es problema de Ulises Ruiz. Resulta incómodo ver las imágenes del fotógrafo norteamericano asesinado, esa es la palabra real, y pensar eso eso, sólo es problema de Ulises Ruiz. Resulta incómodo pensar que el magisterio de Oaxaca no tal vez no vuelva a clases el día de hoy. Resaulta particularmente incómodo ver cómo Denisse Maeker dejó de ser la Denisse Maeker de canal Once para convertirse en una estrella más del canal de las estrellas. Y hay camiones incendiados, turbas enfurecidas, el avance lento pero marcial de la PFP por las calles del centro histórico de Oaxaca y que resulte que nadie, nadie, nadie, tiene la culpa. El gobernador tiene razón, la APPO tiene razón, Denisse Maeker tiene razón, Televisa tiene razón, la economía tiene la razón, Felipe Calderón tiene la razón.
Nunca acabaremos la historia. Y claro, yo también creo tener la razón.

viernes, octubre 27, 2006

David Banda

Las notas sobre la adopción del pequeño niño malawi, David Banda, por parte de la super estrella, Madonna, han sido una de las historias a seguir estos últimos días. El padre dice arrepentido que no sabía que, al darlo en adopción, dejaría de ser considerado como su hijo ante las leyes. Madonna, también, dice que simplemente, no pudo dejarlo al pequeño David al verlo en el hospital, con la certeza de una vida difícil, acaso una muerte prematura. Hasta ahí se interesan las notas de las revistas del corazón.
Y veo la foto de Madonna con Lourdes, Rocco y David, ese asentado aire de familia que ya permea en los cuatro. Pienso de entrada en el gran peso que cae sobre los hombros de David Banda y la imaginación me lleva a pensar que el futuro de David será un día volver a Malawi, aprovechar su fama, pelear por su pueblo, reconocer a los suyos y reconocerse en ellos y agradecer la extraña y feliz oportunidad que la vida le dio al flechar de la forma como lo hizo a la reina del pop.
Sí me daría tristeza que se convirtiera en un niño nice, en un intelectual abúlico, en un gris profesor de cualquier cosa y que perdiera esa fuerza que da el haber estado ante un futuro desesperanzador y haberse salvado milagrosamente. Al menos eso pienso pero ¿quién es quién para decirle al otro lo que debe de hacer con su vida?

lunes, octubre 23, 2006

Samuel Noyola... Nota Aclaratoria

No ha muerto Samuel Noyola. No. Después de investigar sucedió lo que gratamente esperaba: Hubo un error en la nota del periódico Unomásuno al respecto. Samuel no ha muerto. Qué bueno. Como sea dejo el post, una forma de homenajear a este buen amigo en vida. No compren el Unomásuno. Si son capaces de soltar un error de esta magnitud, no quiero saber qué hacen con las demás noticias...
¿Quién se irá a parar frente a tu ataúd, Samuel? ¿Quién hará una larga lista de tus deudas, tus botellas, las ciudades que recorriste? ¿Quién se irá a parar frente a tu ataúd? La nota no dice nada, sólo que falleciste. ¿Es cierto? Fallece Samuel Noyola, el poeta vagabundo. ¿Es cierto? Yo sólo atino a recordar tus ojos luminosos cuando te dije que había encontrado diez de tus viejos libros, Nadar sabe mi llama. Yo sólo atino a recordar aquella vez que dejaste a Toscana a punto de pagar la cuenta con tu viejo pretexto de: "voy a la casa por dinero". Y de las veces que fui uno mas de tus donadores de efectivo para ir por ahí viviéndola. Muy tarde supe que fuiste el consentido de Octavio Paz y que incluso, lo acompañaste a Estocolmo a recibir el nobel. Lo que sí supe pronto fue que me defendiste una vez de una riña segura y dijiste: "Con Toño no se metan". O de la vez que en una presentación de libro, ya en el Distrito Federal, intentaste bajarme a una "novia" que ni lo era para después invitarme un trago del vino de cortesía de la presentación. Samuel Noyola. No sé si en realidad has muerto porque la nota sólo dice que Fallece Samuel Noyola, el poeta vagabundo y dice que vivías en una Caribe. Dice también que escribías un nuevo y largo poema y que te sentías a veces marciano o a veces querías crear un campamento para niños. No sé, Samuel, si en realidad has muerto. ¿Quién se va a parar frente a tu ataúd? Al menos nos dejas palabras, libros cuyas llamas saben nadar, de tequilas con calavera, nos dejas palabras, muchas que algunos detestarán y tu memoria vagabunda, tu fantasma errante que andará de oficina de redacción a cantinas, de cantinas a presentaciones de libro. Algunos las verán y otros te leerán con una ternura sólida ante tu recuerdo. Yo sólo tengo, ahorita, consternación.
Asiesea
Ridículo padre
Bajo el cielo de Tucson
Que mandas todavía cartas de amor
A la madre.
No olvido mi nombre sellado en tu cara,
herrado a tres sílabas
y en labios de ella generoso chispazo
abriendo con fe lo oscuro,
fuero en el espejo desvelado del alba.
No venga más memoria
a perturbar
flor de sangre inquieta en el costado.

Meat

La forma
como sucumbe
la carne ante
los cuchillos
del carnicero
eriza mi piel
con la promesa
de otras carnes.

*****

Con qué amor
mueve la carne
el hombre
entre los cuchillos,
con qué amor
acomodo tu seno
entre mis manos.


*****

El carnicero
escinde un fino
trozo de aguayón.

Se corta los dedos.

sábado, octubre 21, 2006

Teoria personal del cuento III

Esta es la única máxima verdadera de todas las teorías del cuento: lee a Chejov, a Poe, a Arreola, a Monterroso, a Cortázar, a Carver y a tantos que han escrito antes. Después piensa esto: qué valiente y necio soy para intentar escribir un cuento.

viernes, octubre 20, 2006

¡Quiero mi ataúd de rayado!

Se ha puesto de moda, en diversos equipos de futbol mexicanos y sudamericanos, ofrecer a sus hinchas, aquellos que asisten quincena tras quincena a sus estadios y sufren de victorias y derrotas, la oportunidad de ser enterrados en un ataúd con los colores de su equipo del corazón. El paquete incluye un féretro con el escudo de la institución y los colores del equipo de los amores en los costados, frentes y tapas de la caja mortuoria. Las ventas sí han funcionado, dicen. Yo sólo pienso en la tristeza de esos muertos que han querido irse al más allá con algo que los distinga entre el resto de los que moraremos bajo tierra. Muchos colores en la muerte porque en la vida, tal vez, fueron grises, opacos, sin más pasión que ir cada quincena a ver a un equipo cuyos jugadores, pasados, presentes y futuros, nunca supieron, saben ni sabrán de ellos.

Anciana

La anciana mueve con un dedo
las monedas en la palma de su mano

Cambia el destino

miércoles, octubre 18, 2006

Una mirada a Adrián Fernández

Su auto tricolor se convirtió en una insignia, en el extranjero, de México. En circuitos permanentes y callejeros, en óvalos en Motegui o la milla de Indianápolis, Adrián Fernández ha sido un caballero de la velocidad, un amante de la adrenalina. Cómo olvidar su triunfo por milésimas de segundo en el óvalo de Chicago cuando ganó la competencia en un mano a mano a Tony Kannan. Las llantas corrían muy cercanas, casi podían tocarse pero Adrián no desaceleró y obtuvo la victoria por un margen que aún quita el sueño a los comisarios de la pista.
Y, sin embargo, la carrera de Adrián Fernández ha tenido más altibajos que bajos. Acaso su mayor triunfo en la competencia es aquel segundo lugar general en la serie Cart en el 2000, cuando ganó las carreras de Brasil y Australia y llegaba con serias posibilidades para ganar el campeonato. Y llegó la carrera en Fontana, California y Fernández llegó en quinto lugar, yéndose el compeonato a Gil de Ferrán. Y cómo olvidar su primer año en la seria Indy Car cuando ganó tres de cuatro carreras, al final de la temporada. Nadie detenía a ese Adrián Fernández. Su auto barría en la pista, sus manos lo dirigían a la victoria, a la leyenda. Ganó en Kentucky, Chicago y Fontana y obtuvo un segundo lugar en Pikes Peak.
Los medios lo endiosaron. Su nombre atraía a mexicanos y latinos a las gradas norteamericanas. Él fue el principal impulsor del regreso de la serie Cart a México, primero en Monterrey y más tarde a la ciudad de México. Y nunca ganó. Alcanzó a liderar algunas vueltas en el circuito del Parque Fundidora y, cuando tocó el turno en el autódromo Hermános Rodríguez, la mala fortuna, un accidente previo, evitó que se subiera al auto. Su coche tricolor desfiló frente a los miles de aficionados, impulsó el orgullo de capitalinos y espectadores de otras partes de la república pero él no corrió.
Sí lo hizo con la serie Nascar Busch pero la victoria quedó lejos. La única vez que vi a Adrián Fernández me sorprendió lo pequéño que era. Claro, me dije, los pilotos son como los jinetes de caballos, pequeños, pero que pilotean un motor terrible, un portento de la ingeniería. Recientemente una revista especializada lo ubicó dentro de una selecta lista de los hombres más poderosos en el deportes en México. Sin duda, este hombre que gusta de decorar casas, bucear y que hubiera querido ser cantante, tiene un lugar bien ganado. Su auto tricolor tal vez no vuelva desfilar en la pista, idéntico a aquellos años cuando arrancaba vivas y asombros. Pero nada era como ver su auto al momento de tomar las curvas a más de cien kilómetros por hora. Una saeta tricolor en la pupila. Una mitología del asfalto el nombre de Adrián Fernández.

Una cuentística personal

Después de varios cuentos escritos sigo sin saber qué es un cuento. Cuando me preguntan, ¿qué es un cuento? sólo tengo dos respuestas: la formal y la informal. Si lo formal me gana digo lo normal: texto breve, pocos personajes, revelación del personaje al final de la historia. Si lo informal me gana, pienso en el cuento como ese instante donde se captura una pasión, una mirada, un golpe o cambio de suerte; ese momento al que el personaje llega por sorpresa y por lo mismo, también el autor. No será a partir de entonces el mismo personaje ni será el cuento el mismo que pensaba escribir el autor. El cuento es un rapto y debe de tener esa luz relampagueante que anuncia, de golpe, lo oculto en las palabras y las acciones. Y debe de ser instantáneo: igual que un shock con el que se intenta sacar a un hombre de un paro cardiaco.

viernes, octubre 13, 2006

Fantasmas

Leo Fantasmas de Paul Auster. Hace mucho que no leía nada. La narración avanza con lentitud, zisgzagueante, densa, equilibrando el mundo interior de Azul quien espía a Negro, un hombre que la mayor parte del día escribe y lee Walden. En un momento, la lectura me recuerda otra: Una partida de ajedrez de Zweig. Recuerdo la habilidad mental del personaje de Zweig para realizar partidas y aperturas con la imaginación frente al burdo intelecto, casi rupestre del campeón mundial, Czentovic, contra el que se enfrentará en alta mar, en una partida final. Mientras leo Fantasmas y las elucubraciones de Azul recuerdo en específico esa escena en la cual el hombre que reta al campeón está por perder los estribos, a punto de caer al desfiladero de la anarquía sensorial, digamos y una mano se posa en su hombro. Es tan sólo una mano el que lo hace sentar bien los pies, aligerar el trauma de aquellos días que estuvo preso en un hotel con hombres de las SS en todas partes. Una mano tan sólo en el hombro. A veces incluso los escritores, quienes se suponen manejan una avalancha de ideas y sentimientos, necesitan esa mano en el hombro para aclarar las ideas. ¿Y cuál es esa mano? A veces la lectura, a veces el amor, a veces también, saber que la escritura no importa: es un fantasma que está ahí escribiendo frente a la mirada azulada de otro.

lunes, octubre 09, 2006

L

Nací de siete meses. No pesaba ni dos kilos. A los seis, cuando estuve hospitalizado, pesé 34 kilos. Lo máximo que he pesado han sido 105 kilos hace algunos años pero ayer, de la nada, me quedé pensando en cuántos kilos pesaré cuando me metan al ataúd. Ya sin el corazón con el que amo, el hígado donde guardo los corajes, el pancreas que todo lo conmueve mi cuerpo será leve. Irán a levantar más ataúd que Antonio Ramos.
Estoy pensando seriamente en la cremación.

viernes, octubre 06, 2006

Amor de la vida

Plaza comercial de Guadalajara. En los pasillos, mientras camino distraído esperando que den las siete de la noche, veo a un grupo de muchachitas de trece, doce años. Una lleva de la mano a un muchachito que no pasa de los quince. "Les presento a mi novio", les dice, esboza una amplia sonrisa y agrega: "es el amor de mi vida". Las muchachas gritan de emoción y la joven pareja casi se sonroja, orgullosa ella, apenado él. "El amor de mi vida" repito mientras me alejo del grupo. "El amor de mi vida". Quién sabe cuántos amores después de ese amor de la vida encontrará esta chica al amor de su vida. Pero no importa. Ahorita está orgullosa, radiante y feliz mientras muestra al novio en un pasillo, en una ciudad, bajo un sol vasto, terriblemente bueno y bondadoso.

viernes, septiembre 29, 2006

jueves, septiembre 28, 2006

Cine Reforma

Se quemó el viejo cine Reforma. Las llamas hundieron el techo. El techo se ahogó en el fuego desplomándose sobre butaquerías famélicas, entre pasillos mugrientos y olvidados. En la pared de atrás del cine, se ahumaron los rostro del grupo Bronco, cuando anunciaban, en ese cine, el estreno mundial de su película. El cine Reforma era el último gigante de una época. Se elevaba imperial sobre la ciudad. Desde ahí atestiguó el paso de generaciones, la construcción del metro, la destrucción de otros cines para convertirlos en estacionamiento. Desde ahí vio cuando se levantó, perezosamente, el Faro de Comercio con su rayo legamoso. Se quemó el viejo cine Reforma. Las autoridades cortaron la circulación en avenida Madero y en Zuazua y Galeana. La gente miraba curiosa los últimos suspiros de esa ballena gris y astrosa, su alta pared frontal que encima parecía hincharse a punto de dar un eructo. Decía Reforma con letras rojas y en cursivas. Y se quemó. Yo no diré de las tardes que pasé frente a sus rejas frías y me detenía a hurgar en la humedad de colchonetas rojas, amontonadas y sucias. Yo no diré de los sueños que ahí se agolparon o se desvanecieron. Sólo diré y cantaré a sus llamas, a su invicta soledad amurallada. Ese viejo cine Reforma se quemó ayer. Desde cualquier punto de la ciudad se veían sus penas negruzcas en el aire. No estuvo Bronco para cantarle. Acaso algunos viejos que entraron a su sala y se sintieron en la boca de una arca. Ayer sólo habiá miradas que registraban cómo el gigante al fin, desaparecía, engullendo las llamas un olvido anticipado.

martes, septiembre 26, 2006

Hello Goodbye

Nadie nos enseña a decir adiós. Nos dicen que, para recibir a un visitante en casa, se deben de limpiar los rincones, preparar buena bebida, poner música al gusto de quien llega con todas las buenas intenciones. Pero nadie nos enseña a decir adiós. Sabemos que hay que abrazar al que llega de su exámen profesional, escribir palabras consentidas al que vuelve del hospital y dar besos al recién nacido. Hay jolgorio. Hay alegría. Nada mejor que abrir la puerta de tu casa y ver a cinco o seis personas que llegan a la fiesta con toda la disposición del mundo así haga calor o frío. O neve. O caiga un aguacero. O haga un calor de esos que te impulsan de inmediato a la alberca. Decir "hola" es la cosa más insospechada y esperada del mundo. Andamos con el "hola" a diestra a siniestra. "Hola" al entrar a la disco, "hola" al pedir una bebida, "hola" al entrar a una sala con gente nueva, "hola" al pedir la comida en un restaurante, "hola" al llegar a la ventanilla para pagar actas de nacimiento o sacar a alguien de la cárcel. "Hola", "hola", "hola".
Pero nadie nos enseña a decir adiós.
Por eso las lágrimas cuando alguien se nos va. Por eso la mirada nostálgica cuando dejamos un lugar de trabajo, por eso la garganta entrecortada cuando decimos adios con las manos en aeropuertos, centrales de autobuses y puertos. Tal vez nunca nos enseñan a decir "adiós" porque nunca nos dicen de la finitud de las cosas. Llegamos siempre para quedarnos. Para no irnos. Yo a veces juego con mis más cercanos a decirles que ellos nunca van a morir. Prefiero siempre decirles "hola" y "hola"y "hola". Pero nos gusta engañarnos. Nos gusta afirmar que las cosas durarán y durarán y durarán.
Hay que decir "hola" con la certeza de la despedida. "Hola" con la certeza de que luego diremos "adiós". Y pienso todo esto hoy que una buena amiga me dijo: "no puedo ni quitar los posters de mi lugar". Y lo dijo conmovida, extrañamente buscando cómo encontrar otra vez ese "hola" al quitar los posters. La única forma de aprender a decir adiós es diciéndolo, es viviéndolo como si fuera un cachorro, uno de esos gatos de tres semanas que a veces recogemos y les abrimos la boca y les acariciamos el lomo para que ronroneen. Decir adiós sin el miedo y con la certeza de que ese adiós siempre está abriendo un espacio nuevo en nuestras vidas, un sitio inédito como si fuera una cabaña recién comprada y quedándonos con ese lado luminoso del corazón, con ese tono festivo de lo que llega con cada despedida. Para entonces sí, cantarles, cantarles a nuestros muertos, nuestras casas, nuestros familiares y nuestro amor.
Adiós, Adiós.
Como dice la canción: "adiós mamá Carlota, adiós mi tierno amor".

jueves, septiembre 21, 2006

Dentadura

Mis dientes. Veo mis dientes. Los de arriba son un poco más grandes. Fueron los primeros en salir tras la caída de los dientes de leche y tal vez por eso, salieron con fuerza, expandiéndose a su gusto bajo las encías, enlazados, una muralla blanca. Mis dientes inferiores son un poco más pequeños. Casi no aparecen en mi boca cuando hablo, sólo cuando me carcajeo. Y me carcajeo mucho. No sé qué será de mis dientes aunque les doy un trato de reyes. A veces miro con nostalgia las dentaduras postizas. Me pregunto si un día las utilizaré como mi padre. Mis dientes. A veces en la calle veo algunos dignos de museo: salidos, filosos como acantilados. Otros tímidos, apenas visibles, tiernos para morder sólo brinzas, harinas, cosas blandas y suaves. Los míos son fuertes. Quiero a mis dientes porque son poderosos y parejos y miro de nuevo las dentaduras postizas. Cómo el hombre ha inventado todo lo que pierde con el tiempo. Pronto habrá corazones artificiales infalibles y pulmones e hígados. Las denturas postizas son tan sólo la arqueología de nuestro tiempo. Mis dientes nunca caeran ante ellas.

miércoles, septiembre 20, 2006

410 años

No es la más vieja del continente pero hoy, Monterrey, cumple 410 años. Carlos III nos gobernaba entonces cuando Diego de Montemayor dio el visto bueno a la zona. A pesar de ser fundada en tres ocasiones, de estar lejos de todo contacto con la capital, de sufrir inundaciones, ataques de chichimecas, sequías y más, el poblado dejó de ser pueblo para convertirse en ciudad. Y ahí van, candidatos a lo mejor en cuatrocientos diez años.
Gobernadores
Santiago Vidaurri
Bernardo Reyes
Alfonso Martínez Domínguez
Catástofres
Desbordamiento del río Santa Catarinaen 1909
Paso del huracán Gilberto en 1988
Explosión de la refinería de Pemex en San Rafael
Como escenario de guerra
La toma por los norteamericanos en la guerra de 1847
La toma de la ciudad por Felipe Ángeles en 1915
Personajes ilustres en las Artes
Fray Servando Teresa de Mier
José Eleuterio González, "Gonzalitos"
Alfonso Reyes
Generales importantes
Mariano Escobedo
Ignacio Zaragoza
Juan Zuazua
Sitios con tradición
La Macroplaza
La iglesia de la Purísima
La calzada Madero
Farándula
Piporro
El payaso Pipo
¿Ericka Buenfil?
Deportes
Blue Demon
El "abuelo" Cruz
Héctor Espino

martes, septiembre 19, 2006

21 años

Sólo puedo pensar en una cosa: la ciudad sigue sin estar preparada. Sus dobles pisos, las vecindades de la colonia Guerrero, los vetustos edificios de la colonia Roma, el caos vial frente a los amplios rascacielos pueden ser sólo los puntos de alerta máxima en caso de un nuevo temblor. Hace 21 años la ciudad se derrumbó como un acordeón sin aire. Se derrumbó de lado. Se aplastó igual que los pisos de un pastel al fallarle la levadura.
Hoy, a las siete y quince de la mañana la bandera en el Zócalo se colocó a media hasta y un estallido de sirenas de ambulancias y bomberos inundó la plancha capitalina. 21 años del temblo. 21 años de los fantasmas. Vivir en el Distrito Federal no es sólo soportar el tráfico, el smog, la conglomeración, el espírito arribista y ofensivo de sus habitantes. Es también apropiarte de su historia. Hacerte chilango aunque no lo quieras, aunque traigas el resentimiento o cuidado tradicional de la provincia en las venas. Uno se hace chilango aunque no se quiera. Come en los mercados como los de aquí, usa el metro como los de aquí, busca las quesadillas de hongos como los de aquí, asiste a Bellas Artes como los de aquí y ve las comedias en televisión como los de aquí. Claro, algunos ponen diques para no transformarse por completo: yo no he de comer una torta de tamal hasta el último día que decida quedarme en el d.f.
Pero también se comparten las historias y los dolores. Se vive en común el miedo o el recuerdo. Hoy, 19 de septiembre, se recuerdan 21 años del terremoto del 85. Yo no pienso en ese pasado, sino en las casas donde viven mis amigos, los edificios donde trabajan mis amigos. Hago una oración sencilla para que los muros y columnas aguanten. Soy, en ese sentido, completamente chilango. En los primeros años miraba con morbo las imágenes pero ahora no deseo verlas, para no tener imágenes del futuro. Pero me da una sensación de esperanza saber que la ciudad se reconstruyó. Es una ciudad hermosa a pesar de sus conflictos. Y ha sobrevivido.
¿Cuando será el fin de la ciudad de México? Esperemos que no sea pronto.

domingo, septiembre 17, 2006

CND

La gente avanza a empellones rumbo al zócalo por la calle de Madero. Hace rato el sol se ocultó y aparecieron nubarrones grises. A la gente eso no le importa. La gente avanza. Un grupo de mujeres descansa sentadas en el filo de las banquetas. Por los altavoces se transmiten canciones de protesta y algunos corean la letra mientras otros simpatizantes de la Convención Nacional venden revistas, periódicos. La Jornada es el único periódico nacional que se lee entre la gente. La portada: Los dos gritos, se reproduce indiscriminadamente a lo largo del camino. Pocos son los negocios que están abiertos. Uno de ellos, la camisería y venta de trajes, Aldo Conti, tiene abiertos todos sus locales donde tienen el fabuloso remate de 3x1. Un despachador se asoma a ver a los simpatizantes de Obrador que caminan y se detienen en su deseo por llegar a la plancha máxima del país.
Uno de los pliegos que entregan a la gente contiene los doce puntos a votar en la convención: el principal, decidir si Obrador es o no es el presidente "legítimo" de México y el otro si existirá o no un gabinete republicano. La gente lo comenta. La gente cuchichea. Hay una tensión en el aire, una que no viene del miedo, sino de la emoción. Una idea generalizada, un sentimiento compartido es que están formando un nuevo país, uno que les arrebataron en las elecciónes con la campaña del miedo de la que tanto se quejan.
Logramos avanzar hasta las inmediaciones al zócalo. Ahí las columnas se detienen. No hay más paso. La calle está topada, copada. Los gritos contra Fox son parte de las canciones. Cuando emerge del Zócalo una voz, un estruendo aparece en todas las vocas: ¡Obrador! ¡Obrador! ¡Obrador! Todos se quieren abrir paso. Nadie se puede mover. Ancianas aguardan apretadas, pequeñas ellas entre las espaldas amplias de los hombres y los niños en brazos. Los gritos de apoyo continúan, explotan, son confeti que se lleva el aire hacia el templete frente al Palacio Nacional.
Y luego, viene la lluvia.
Primero caen unas gotas gordas y la multitud observa el cielo, presiente la intensidad del agua. Y no se mueven. No pueden moverse. Un hombre, ya lo dice el refrán, un hombre precavido vale por dos, extrae con un acto de presdigitador, una lona de un metro cuadrado. ¿El color? Amarillo. Es un metro cuadrado. Un azulejo amarillo. Atrás la calle de Madero se eriza de paraguas. Hongos le nacen a las manos. Hongos negros, de colores tapizan la avenida. Y bajo el mosaico amarillo entramos 18 personas. Todos jalamos las puntas de la manta. Escuchamos el agua arreciar sobre ella pero estamos secos. Niños, una anciana, un par de hombres, mi mano, todos alzamos la manta para no mojarnos. Desde el lugar donde estamos varados se alcanzan a ver por encima de las cabezas, los bocinas para mandar el discurso a las cuatro esquinas del zócalo. En la catedral veo, temblorosa, una bandera nacional que hondea por las rachas de aire. Tiene una parte comida por un cohetón. La bandera está quemada en una orilla. Más metafórico, no puede ser.
Y luego vienen los gritos. La gente se aprieta. El aire escasea. Un tropel de cincuenta, ¿qué son cincuenta entre más de cien mil personas?, se abre paso contra la gente. Quiere salir. Anhela salir. Recién escampa cuando su primera avanzada llega con nosotros. No se vayan, no nos dejen, gritan muchos simpatizantes, pero la línea avanza sosegadamente, casi sin avanzar, hacia la salida. Nos metemos ahí. Nos mientan la madre. Nos hablan de lo poco nacionalistas que somos. Pero comenzamos a avanzar, a irnos del varadero. El aire es escaso. Un humor a calor humano que calienta las ropas mojadas se despliega en ese pequeño cuadro.
No avanzamos ni un metro cuando empieza el grito: ¡Hay una señora de noventa años con problemas!. Los gritos se suceden, pasan de boca en boca hacia la ambulancia. Entre todos armamos una valla y al rato aparece la señora en una silla de ruedas, con un tanque de oxígeno en las manos. Y ahí salimos. Nos desdibujamos de la Convención Nacional Demócrata.
Al final, sí hay votos. Pero ignoran. La Convención Nacional Demócrata, desde su inicio, nace muerta. Todos silencian a los que piden que Obrador sea coordinador de la resistencia. Nadie los escucha. Y reitero. La Convención Nacional Demócrata nace muerta cuando, al decir el nombre de Imaz como miembro de la Comisión política, de resistencia civil y proceso constituyente, se levanta un repudio generalizado. Fuera Imaz, gritan, nadie quiere a Imaz. Y ¿le hacen caso a la gente? No.
Estamos ahora, entonces, ante dos países, dos gobiernos espurios, como se dice. En ninguno de los dos importa la gente. Sólo se les da la dirección que otros quieren: por aquí o por allá, sólo eso. Fuera Imaz e Imaz no se fue. Y había niños, ancianas, mujeres que comían frijoles y arroz cobijadas bajo el toldo de restaurantes que en su vida, podrían pagar alguna cena ahí. También es cierto que la desigualdad nos va a partir en muchos Méxicos.

viernes, septiembre 15, 2006

Coloquio

Me interesan los creadores regiomontanos por ser regiomontano. Me interesa la historia de la literatura regiomontana tal vez, para ver en ella, el origen no genético, no de la tradición, puesto que al tradición es una argamasa de inciertos caminos y formas de inducción, pero si una geneaología de escritores: poetas o ensayistas que antes empuñaron la pluma. Nombres como Celedonio Junco de la Vega, Felipe Guerra Castro, Eusebio de la Cueva, Adriana García Roel, Josefina Niggli son parte de estos padres, no literarios, sí putativos, de la escritura en Monterrey.
Es Víctor Barrera Enderle acaso, quien más se ha preocupado por restaurar un cánon de la literatura regiomontana. ¿Es posible hablar de un cánon en la literatura regiomontana? Regiomontana sólo por su origen, aunque la agrupación sea en realidad más taxonómica que del espíritu que anima la obra? Creo que sí. Las ciudades adquieren una categoría distinta cuando hay creadores que la descubren a los demás. Hay un rastreo casi paleontológico.
Siempre, para mí, los autores de Monterrey se acotaban a quince, veinte nombres. Nombres con oficio. Por eso, hace días que me regalaron un par de la revista Coloquio, específicamente el número del primer aniversario, número doble con todos los autores regiomontanos de esa fecha, no pude más que sentir ese gusto por el pasado, no tan lejano, apenas trece años.
Trece años son suficientes para mostrar un antes y un ahora. Me sorprende, por ejemplo, que Julian Herbert esté como escritor regiomontano cuando es de Saltillo. A algunos no los conocí nunca, tal vez porque no pasaron del primer libro o dejaron la escritura para una visión más íntima y no tan pública. Otros desaparecieron. Algunos murieron. Aún así, va la lista.
Carmen Alardín, Luis Javier Alvarado, José Luis Cendejas, Eligio Coronado, Margarito Cuéllar, Armando Joel Dávila, Yuri Vladimir Delgado, Sonya Garza Rapport, Alejandro González, Macedonio González, Xorge González, Julian Herbert, Leticia Herrera, Oscar Efraín Herrera, Andrés Huerta, Patricia Laborde, Luis Carlos López, Guillermo Meléndez, Silvia Mijares, Felipe Montes, Andrés Montes de Oca, Malena Múzquiz, Samuel Noyola, Ofelia Pérez, Alfonso Reyes Martínez, Humberto Salazar, Horacio Salazar Ortíz, Graciela Salazar Reyna, José Eugenio Sánchez, José Luis Solis, Arnulfo Vigil, Minerva Margarita Villarreal, José Javier Villarreal, Claudia Villarreal, José Franciso Villarreal, Eduardo Zambrano, Héctor Alvarado, Mario Anteo, Guillermo Berrones, Gabriel Contreras, César Cubero, Graciela España, Romualdo Gallegos, Eloy Garza González, David González, Genaro Huacal, Joaquin Hurtado, Zacarías Jiménez, Patricia Laurent Kullick, Ramón López Castro, Juio César Méndez, José María Mendiola, Eduardo Antonio Parra, Rubén Soto, David Toscana, Hugo Valdés Manríquez, Alfredo Zapata.
Es curioso ver en la revista tanto rostro rejuvenecido. Antes de las obras, como si la escritura envejeciera. Antes de todas las batallas y los libros, sólo puedo pensar que ha sido una época fructífera para muchos de ellos aunque tambien, es cierto, muchos de ellos permanecen ya en silencio: no sé si exilio voluntario o involuntario. Pero hace trece años eran parte de los autores de Nuevo León. ¿Quienes serían entonces, los de ahora?

lunes, septiembre 11, 2006

Frases para recordar

¡Ah, quisiera que alguien me contestara! ¿Por qué entonces esta obsesión? ¿Por qué este dolor desajustado? ¿Por qué un libro no puede tener la misma alta medida que la necesidad de escribirlo? ¿ Por qué habita esta espléndida urgencia en tan modesto, oscuro sitio?
Josefina Vicens
El libro vacío

martes, septiembre 05, 2006

Dos opiniones sobre el veto a la ley del libro.

Coral Bracho Tomada de El diario El Universal.

Una ley originada en una iniciativa ciudadana, que beneficia igualmente a los lectores, a los editores y a los libreros -grandes y pequeños-, apoyada por todos los gremios de la cadena productiva del libro y aprobada en el Congreso, con el apoyo de todos los partidos políticos por las cámaras de diputados y senadores, fue irresponsablemente vetada -con argumentos que revelan una total ignorancia sobre su sentido y sus efectos- por el presidente Vicente Fox hace unos días.
El veto improvisado de Fox absurdamente propicia -nada más ni nada menos- todo lo que él dice querer evitar.
Si algo habría apoyado las políticas de fomento a la lectura que Fox quiso impulsar, sería sin duda la aplicación de esta ley que ahora veta. Se trata de una ley probada durante años en numerosos países (España, Francia, Alemania, Dinamarca, Portugal, Japón y Corea, entre muchos otros) como una ley necesaria para la sustentabilidad y proliferación de librerías que fomenta la diversidad de la oferta editorial y que, por si fuera poco, baja los precios de los libros.
En Francia, para dar un ejemplo, el número de librerías se multiplicó por cuatro en los últimos 20 años. En Finlandia, donde se prescindió de la ley, las 750 que tenía se redujeron a 450. El precio de los libros en todos los países que han adoptado esta ley, favorable a su producción y distribución, se ha mantenido por debajo de la inflación. En Inglaterra, donde hace 10 años dejó de observarse, el precio de la mayoría de los libros subió al doble de la inflación.
Bajo esta ley que no se apoya en subsidios, sino en permitir que las librerías sean rentables en cualquier punto del país -en cualquier ciudad, grande o pequeña-, los editores, que compiten entre sí con la calidad de sus catálogos y los precios de sus libros, fijan para cada uno de éstos un precio -de acuerdo con sus particulares costos de producción- que deberá respetarse en los distintos puntos de venta. Las librerías compiten, a su vez, entre sí con sus servicios y la diversidad o especificidad de los títulos que ofrecen. Los lectores se ven beneficiados por la diversificación de los títulos ofrecidos, por la multiplicación de los puntos de acceso en el país y por la reducción de los precios.
Bajo la ley del precio único, que tanto ha favorecido a la mayor parte de la industria editorial europea, el precio de los libros desciende por distintas razones que sanean la cadena que lleva al libro del autor al lector y que tienen como punto de partida una política distinta de descuentos al público. La posibilidad que tienen las librerías de dar descuentos al público se mantiene en buena parte de los casos. Sólo los títulos que no tengan más de tres años de antigüedad y no se hayan resurtido en un año, deben mantener el precio fijado originalmente por los editores para todas las librerías del país, como una medida de protección para ellas.
Las editoriales, bajo el sistema de precio único, como cualquier empresa, ofrecen a las librerías descuentos acordes con el volumen y las condiciones de compra, pero no se ven obligadas a inflar sus precios para sobrevivir -como sucede en los países que carecen de esta ley- para poder otorgar los descuentos, aún mayores, que algunas de las librerías necesitan -en detrimento de todas las demás- para poder ofrecer, a su vez, descuentos igualmente artificiales, y al fin y al cabo ilusorios. Si con la ley del precio único se beneficia a las grandes y pequeñas librerías, a las editoriales, a la creciente red de distribución y a los lectores, sin ella todos pierden, sin excepción.
La tendencia de la cadena del libro regida por la ley del precio único apunta, en todos los casos conocidos, hacia la diversidad, la sana competencia, la pluralidad democrática, la riqueza cultural, la libertad, la división de responsabilidades, la demanda creciente de nuevos títulos, la proliferación de lectores, etcétera. La tendencia sin ella, por otra parte, apunta al extremo opuesto: cada vez menos editoriales, cada vez menos libros, cada vez menos lectores, cada vez menos librerías. El escenario al que finalmente se tiende es el de un muy pequeño número de librerías que, en última instancia, atentan contra sí mismas al asfixiar irremediablemente la industria que debía sostenerlas, y que, al elaborar sus cada vez más reducidas listas de pedidos, concentran, casi a su pesar, las decisiones (compartidas quizá con otros comercios cuyos principales intereses son ajenos al libro) de qué se debe publicar, e incluso qué se debe escribir.
Es más que lamentable que la Comisión Federal de Competencia, con todos los datos a la mano, no haya alertado al presidente Fox de que al vetar el precio único de la ley estaba atentando contra lo que suponía defender. Es más que lamentable también que Fox no haya dado oídos a la inteligente y bien intencionada defensa de la ley que hicieron algunos de sus colaboradores, en apoyo de un vasto y representativo grupo de ciudadanos que ofreció generosamente su esfuerzo y su tiempo durante años en favor de una ley que no sólo beneficia a México, sino que era urgente poner en práctica. Como prueba de esto, entre muchísimas otras más, recordemos que México es, por mucho, el país con menos librerías per cápita en todo el continente, y que día con día, las poquísimas que sobreviven siguen cerrando.
Sergio Sarmiento. Tomado de el diario El Norte

Señor presidente Fox, usted tiene sobre su mesa, en algún lugar de esa mesa llena de papeles con pendientes de fin de sexenio, una iniciativa para una llamada Ley de Fomento para el Libro y la Lectura. El texto ya fue aprobado por el Senado y por la Cámara de Diputados.Sé que está recibiendo presiones para firmar la ley y publicarla. Por favor, no lo haga. El daño sería enorme.Quizá no recuerde usted mi editorial "Contra el libro" publicado en este mismo periódico el 23 de marzo del 2006. Desde entonces expresé mi preocupación por una ley que quizá en algunos puntos tenga aspectos positivos, pero que tiene un elemento tan perjudicial que ahoga todo lo demás: la obligación de que el precio de un libro sea el mismo en todo el país.Piénselo usted bien, señor presidente. Si usted aprueba esta ley convertirá en un delincuente a quien se atreva a dar un descuento en la venta de un libro.Quienes han promovido esta monstruosa iniciativa utilizan un lenguaje tomado del newspeak de George Orwell. Recordará usted que este escritor británico nos describió en su novela "1984" un régimen totalitario que inventa un idioma especial para hacer que lo malo parezca bueno. Es como cuando Ronald Reagan llamaba a los misiles "preservadores de la paz".De la misma manera, esta iniciativa, cuyo propósito es elevar el precio de los libros al prohibir los descuentos, y que implicará por lo tanto una disminución de la lectura en nuestro país, se presenta -sin ironía, con desfachatez-como la "Ley de Fomento para el Libro y la Lectura".No se requiere mucha sapiencia económica, señor presidente, para saber por qué la ley causará un aumento en los precios de los libros. Si se obliga a que un libro se venda al mismo precio en cualquier lugar del país, sin importar los costos de distribución ni las condiciones de mercado, se estará eliminando una flexibilidad fundamental para un buen desempeño económico. Así, los precios se elevarán al nivel que tienen en el punto de venta menos competitivo o simplemente los libros no llegarán a lugares cuyos costos de distribución sean demasiado altos. La consecuencia de esta ley será impedir la venta de libros en las zonas más apartadas del país y subir los precios en las grandes ciudades por la prohibición de dar descuentos.Quienes buscan promover sus intereses económicos con esta ley le han presentado a usted argumentos que dicen que en otros países, como Francia, Alemania y España, ha habido muchos beneficios por el sistema de precio único. Pero independientemente de que éstos son países pequeños y magníficamente bien comunicados, en que los costos de transporte a casi cualquier lugar son iguales, los libros son más caros en esos países.Pregunte usted a la gente del servicio exterior. Le dirán que los libros en Estados Unidos, Canadá o el Reino Unido, países con libertad de precios, son más baratos que en Francia, Alemania o España que tienen precio único. Quienes hemos sido estudiantes siempre hemos sabido que un Penguin inglés es más barato que el equivalente Livre de Poche francés. Pero déjeme decirle que muchas veces es más barato, incluso, comprar un libro francés en Inglaterra que en Francia.Pregunte usted a nuestra Comisión Federal de Competencia. Sin duda le proporcionará información que señala que los libros en los países con libertad de precios son entre un 20 y un 30 por ciento más baratos que en los que tienen precio único. Por eso Finlandia, un país comprometido con la educación y la lectura, dejó el precio único en 1971.De hecho, la Comisión le dirá que el precio único ni abarata los libros, ni genera una más dinámica industria editorial ni promueve el surgimiento de nuevas librerías. Todo lo contrario, al eliminar la flexibilidad de precios, encarece los libros, reduce la competitividad de las editoriales e impide el surgimiento de nuevos puntos de venta.Yo entiendo que hay presiones para que usted firme esta iniciativa. La industria editorial piensa que de esta manera puede reducir la competencia y obtener mayores precios por sus libros. La Secretaría de Educación, presionada por los editores, busca darles a éstos un pequeño regalo de fin de sexenio. Algunos intelectuales de izquierda, que desconfían de la competencia, afirman que hay que sacar al libro del mercado.Pero piense usted la responsabilidad histórica que tiene. Un estadista no puede aprobar una ley simplemente para quedar bien con unos cuantos. ¿Quiere promulgar una ley que subiría los precios de los libros, impediría que llegaran libros a zonas aisladas y reduciría aun más los índices de lectura de nuestro país? Y, por otra parte, en este país en el que tenemos tantos criminales en las calles, ¿verdaderamente piensa usted que es correcto convertir en un delincuente a un librero por el delito de dar un descuento en la venta de un libro?
Mi pregunta final
¿Cuál es el punto de vista correcto, veraz? Es difícil crear un punto de vista sin demasiadas herramientas. Recuerdo entonces algo de la facultad. Una compañera quería refutar a un maestro y su último intento fue: "por favor". El maestro dijo: "nada de por favor, hechos, sobre eso se justifica, un hecho que uno haya comprobado, no oído".