Me sobrevivo en vela, mereciendo que al corazón me apunten al matarme. Bonifaz Nuño También escribo para recordar.
lunes, enero 28, 2008
No a Madero
viernes, enero 25, 2008
miércoles, enero 23, 2008
martes, enero 22, 2008
lunes, enero 21, 2008
Poemas de agradecimiento para un maestro
viernes, enero 18, 2008
la Britney regiomontana
jueves, enero 17, 2008
Cállate, tú no eres como Anita
miércoles, enero 16, 2008
En voz de: Guillermo Prieto
lunes, enero 14, 2008
Pequeña diablura
Nostalgia de la lengua
jueves, enero 10, 2008
Aún sueño y maldigo en Zapoteco
(Había escrito esto sobre él hace apenas un mar de semanas)
A mí, Henestrosa me cae muy bien. No sé de las riñas que pudo haber tenido, como en cierta ocasión que alguien habló pestes de Eraclio Zepeda y me pregunté: qué necesidad tiene uno de venir a saber los enojos que cada quien tiene con su escritor personal y en turno. Porque es casi ley que cada cierta temporada, uno toma su escritor contemporáneo para tupirle. Es una cuestión saludable esto.
Hace un par de años, un joven crítico de la literatura, famoso por ser francotirador y por vapulear a Fuentes cada que éste saca una novela, escribió pestes sobre la literatura del norte. ¿A quién no le puede gustar, por favor, la literatura del norte? Ponía a los autores, vaya, no los ponía, ni los dejaba salir de la semilla. Enojado, un autor norteño le respondió en la misma tribuna y con la misma dureza de cerviz. Al siguiente número, el joven crítico volvió con su diatriba y aquello era de nunca acabar. Los norteños no cabían ni en su ardor. ¿Cómo se atrevía un pasguato atacar así a la tradición norteña? ¿Qué conocía él de los pioneros norteños, de las obras, los autores, las ciudades arrebatadas al desierto?
Nada. Puro esgrima verbal.
El joven crítico ganó su fama, lo conocieron en ciudades donde nadie había oído hablar de él y con seguridad, en algún otro momento, cuando se preste, volverá a atacar a los autores norteños. Y los escritores norteños volverán a ofenderse algunos, a quienes les gusta la polaca y sentirse únicos, pero el resto acaso dejará de tomar un poco de su café para volver a leer la sección deportiva del diario o seguir con lecturas más provechosas.
Todo lo anterior es porque imagino que el maestro Henestrosa, en todos estos años, tuvo, con seguridad, sus buenas peleas, ya como poeta, ya como diputado o senador de su estado. Henestrosa es tan inmortal que sus ojos y sus manos apoyaron la causa vasconcelista allá por el 29, cuando el nuevo PNR le arrebató a Vasconcelos no sólo el triunfo en la lucha por la presidencia, sino que también nos arrebató al Vasconcelos humanista, para dejarnos al oscuro Vasconcelos, el que creía en la teoría de la gran limpieza étnica.
En 100 años uno puede abrazar diversas banderas. Henestrosa seguro tiene sus enemigos entre la gente. Como dijo alguna vez Rubén Bonifaz Nuño: “que mis enemigos tengan cuidado, que estoy listo para pelear.” Seguro Henestrosa, aunque esté enfermo, tiene todavía sus armas dispuestas junto a la cama.
miércoles, enero 09, 2008
martes, enero 08, 2008
Springterrey
Necrologías en Jus

Hace tiempo un amigo me invitó a publicar en un proyecto editorial en la Universidad de Guanajuato. Después, no supe qué pasó con él pero no fue nada agradable, al menos para mí, aunque imagino que a él le causó sus buenos momentos de alegría y de venganza contra el mundo. Como sea que haya sido, fue y es mi amigo.
De su interés por lo que yo hacía surgió Necrologías, un libro gestado por textos de este blog. Vio la luz en diciembre del 2006 y lo presenté en Monterrey en julio pasado, gracias al Conarte y a la lectura generosa de Caro y Odvidio. Y cuando pensaba que Necrologías había llegado a su fin, apareció la también generosa lectura de Nadir Chacin y la confianza y la fe de editorial Jus para reeditarlo.
Que tenga un libro reeditado es simplemente un buen regalo de la vida. Y que se encuentre en casi todas las librerías de la ciudad y las más importantes del país, es simplemente mucho mejor. Pronto esperen, amigos, la presentación en el d.f. Vamos a hacerle un sitio en el panteón de San Fernando, vamos a llevar Necrologías a un ladito de donde está enterrado Juárez y Miramón.
lunes, enero 07, 2008
sábado, enero 05, 2008
El síndrome de Esquilo
El que algunos autores prefieran sólo un tipo de narrativa ha sido tema de muchas discusiones. Dice Carlos Fuentes que escribir cuento es como bordear las orillas de la costa, morder los acantilados y las caletas, pero en cambio, escribir una novela es como meterse al mar en carabela decadente de renacentismo. ¿Qué impulsa a los autores a optar por ambas navegaciones? Poco importa. Lo que importa son los intentos, las navegaciones. Vicente Alfonso tiene al menos dos libros de cuentos y una novela. Naufragio en Tierra firme es el primero, pero del libro que está más que contento es de El Síndrome de Esquilo, editado recientemente por editorial Ficticia.
En El síndrome de Esquilo aparece un narrador solvente, maduro, un narrador con malicia que busca casi siempre el final de ambiente, ese final que te da el golpe y no te enteras de él sino hasta un rato después, cuando has terminado la lectura y entonces dices… ah… por eso fue que el tipo pedía café sin agua ni leche, ah.. por eso los payasos… ah, por eso las migajas en el plato de sopa. Pero también, Vicente Alfonso es un narrador contundente. Llama poderosamente la atención el cuento “Túpele Patán”, llama por la síntesis, por la forma como acomoda todos los elementos narrativos en tan pocas líneas y sobre todo por el juego, la sonoridad que se crea en el cuento con la utilización lúdica de “pes” y “tes” que a cada rato está golpeando, retumbando sonoramente en el oído al tiempo que tunde físicamente a los personajes.
Y si la navegación de litoral se le da, la navegación a mar adentro también. Partita para mujer muerta, novela de corte policiaco y musical, ópera prima de este narrador coahuilense, obtuvo hace unos meses el premio nacional de novela policiaca de IPAX.
La historia inicia con una llamada telefónica a media noche. La llamada es escueta: “te quiero en los constitución”. A partir de ahí asistimos a dos degradaciones: la del aprendiz de detective que descubrirá la muerte y la decadencia en el hombre y la degradación del músico por una mujer que toca el violonchello.
Si Partita para una mujer muerta demuestra una solvencia y una terquedad por contar una historia siguiendo pautas precisas, en El síndrome de Esquilo Vicente Alfonso demuestra que la navegación de corto alcance, el veleo a ras de playa también se le da con libertad. Sus cuentos son precisos, juegan con el lector, manejan diversos temas, el amor filial, la soledad, la impostura, dejan espacios para que éste los llene como ese rastro silencioso que queda en la playa, el margen de humedad que el agua deja efímeramente sobre la playa.
¿Qué será de Vicente Alfonso? Al salir de la fundación me preguntaba eso, ¿qué será de cada uno de mis compañeros? Lo que importa son los libros, me digo. El síndrome de Esquilo es una muestra de que sí, lo que importan son los libros, esas ardillas acuciosas, siempre con algo entre las manos, ya sean historias o nueces.